A
los que vemos las teleseries turcas tan de moda, nos llama la atención la falta
de demostraciones sensuales y sexuales de parte de protagonistas que mantienen evidentes
relaciones amorosas. Era especialmente impactante en el caso de la serie Fatmagul, donde la joven pareja moría de
amor pero ni casados podían darse besos apasionados para la cámara, menos tener
sexo (cinematográfico, claro). En India, hasta hace
pocos años, la poderosa industria cinematográfica no incluía besos entre sus
actores y si ello ocurría, era noticia.
Anduve
en Estambul y pude comprobar que las muestras públicas de afecto son escasas.
Las parejas a lo más se toman de la mano. Y, obviamente, para aquellas
mujeres que son fuertemente religiosas (en
un país con 95% de musulmanes), el velo impide cualquier contacto físico delante
del mundo. Sorprende ver que hay más intimidad con modernos celulares –siempre
pegados a la mano y haciendo contacto con los ojos- que con la pareja. La
doctrina es expresar puertas adentro. Como me señaló una joven recién casada en
luna de miel, “solo me interesa mostrarme ante mi marido y soy feliz tapando mi
cara y mi cabeza; no me aproblema en lo más mínimo no poder lucir mi cuerpo ni
mi pelo o mi cara”…
Claramente,
se trata de un tema cultural. Paradojalmente, en el Caribe también está presente
el pudor frente a las expresiones públicas de afecto. Los besos apasionados en lugares
de alto tráfico no son bien vistos. Claro que nadie castiga a las parejas que
lo hagan. Algo que sí ocurre en otros lugares del mundo.
Por
ejemplo, una ciudad que no puede celebrar el Día del Beso –que se recuerda cada
6 de julio- es Dubái, la capital de los Emiratos Árabes Unidos. Una ley prohíbe
besarse en la calle. En Irán, las normas islámicas también prohíben besarse en
público, algo que rige para casados y solteros. En Malasia, también se prohíbe
por ley besarse y tomarse de la mano públicamente, pero la norma solo incluye a
los nativos. En Guanajuato, México, está prohibido besar y acariciar a la
pareja en la vía pública y hacerlo puede costar hasta un día de prisión.
En China, solo en 1997 se abolió una ley que
prohibía besarse en público. Y en India, el país del kamasutra, los jóvenes
tienen problemas para expresar su pasión ya que los hoteles hasta les pueden
pedir certificado de matrimonio para dejarlos entrar...
En
los países del Asia oriental, las cortapisas las pone Confucio. Para la gente
mayor, mostrar las emociones del público iría contra los valores de esa cultura.
Aunque las costumbres se han liberalizado y tomarse de la mano y besarse en
público es algo más común, todavía es considerado “desagradable".
Las costumbres respecto del
tema son muy diversas. Los gringos no son, en general, dados a expresar mucho
afecto en público (razón por la cual entre ellos no existe nuestro cotidiano
beso en la mejilla, gesto de afecto que actualmente es muy común incluso entre
los hombres). Algo similar ocurre en Tailandia, donde es tabú tocarse durante
el saludo y lo que reemplaza al beso es el saludo budista…
Sorprende que a los
inmigrantes que vienen de países de “sangre caliente” les parezca que en Chile
somos demasiado efusivos, y que les choque eso de los besos en el Metro o en
los paraderos de micro. ¿Será verdad? ¿Somos tan demostrativos?¿Nos gustan las
expresiones físicas de la pasión o más bien nos molesta e incomoda verlas?
Se dice que Chile estaría
entre los países con pocos complejos a la hora de expresar el afecto y la
pasión en público. Ello es especialmente elocuente entre los jóvenes. Sin
embargo, el límite estaría puesto –como siempre- frente a las expresiones
homosexuales. Pocos parecen aceptarlas plenamente y algunos las sienten incluso
como una agresión.
Recuerdo un taxista que se indignó al ver a dos homosexuales
dándose un beso furtivo en la esquina en la que nos tocó detenernos...
¿Qué hace que sea más común
que molesten las demostraciones públicas del afecto a que agraden? ¿O que haya
culturas que las repriman directamente?
Pareciera ser que el punto
neurálgico tiene que ver el tabú. Y el sexo es, quieramoslo o no, un tema tabú
en Chile. Aunque ello, claramente, es menos fuerte entre los jóvenes. Como me
señalaban tres mujeres profesionales de entre 25 y 30 años, “uno tiene mucho menos
rollo hoy en día con el tema del sexo porque no podría viajar a lo pobre si lo
tuviera; si te alojas en hostales juveniles de países europeos o de Estados
Unidos, siempre vas a escuchar parejas súper efusivas a la hora del sexo; y después
te las vas a topar a la mañana siguiente como si nada…”. Sí dicen sentirse más
incomodas frente a parejas que frente a ellas y a menos de un metro, se expresen
su pasión. “Es que se siente de alguna forma como una invasión a tu metro
cuadrado, como una imposición de algo que no necesariamente tú quieres ver o
vivir”.
De modo que también tendría
que ver supuestamente con la libertad. Muchas personas me dieron como argumento
de su incomodidad o molestia la imposición de parte de los besadores. “Se plantan al lado tuyo en el Metro y
empiezan a atracar ¡No tengo ganas de verlos en eso!”, dice una mujer
sesentona. Imagino que poca gente se atreve a decirles algo. No es lo que
ocurre en el caribe… Un cubana me contaba que en su país los mandan, en forma
lúdica y a gritos, “a buscarse una posada (hotel parejero)”.
El ejemplo de un edificio
cercano a mi casa da cuenta de lo fuerte que es la incomodidad que genera ver o
escuchar a otros expresando su pasión. De pronto apareció en el barrio una
pareja teniendo sexo a menudo y en largas jornadas, con potentes y audibles
muestras del placer por parte de ella (él solo hablaba de tanto en tanto). Al
cabo de una semana, una de las vecinas del edificio contiguo acudió a reclamar al
conserje sobre la situación. La pareja calló y muy pronto se mudó…
Siempre me pregunté qué fue lo
que causó tanta incomodidad en el vecindario. Un argumento que me dieron es que
los niños escuchaban y se desconcertaban. ¿Pero no habría sido más fácil
explicarles que esos gritos no eran de sufrimiento sino de placer? ¿No sería
más fácil abrir el tema y explicar que
el sexo conlleva a veces muestras estridentes de placer?
Pero no es lo que ocurre. Preferimos no escuchar ni ver. Y estresarnos bastante si
sabemos que alguien –un vecino, un hijo, la nana- pueden estar escuchando el
progreso de nuestra relación sexual. Siempre me pregunto cuanta frustración
tendrán las parejas que viven de allegadas en las pequeñas casitas de población,
con paredes de cartón (a veces literalmente). Algo de ellos vimos en una de las
películas del Chacotero Sentimental en tono de comedia, pero la realidad es bastante
más dramática para los verdaderos protagonistas….
Bueno, pareciera que esas
parejas que se besan apasionadamente delante nuestro han superado el pudor y el
stress. Y nos lo han trasladado a nosotros… Porque de verdad, siento que para
algunas personas es muy disruptivo ser testigos de besuqueos y toqueteos. Los
enoja, los violenta incluso. Y entonces me vuelvo a preguntar, ¿por qué nos
enoja el amor, el afecto –que en definitiva es lo que está ocurriendo entre
esas personas que se besan- y no la violencia o la agresión? ¿A quién daña una
pareja haciendo el amor en un edificio vecino?
Sí es violento ver a un niño
pedir limosna, pero no siento que esa escena produzca la incomodidad que
debería en quienes la presencian. En todo caso, la provoca en mucho menor
medida que el sexo. La violencia no es tabú. Es un tema abierto y descarnado,
instalado en nuestra sociedad. Instalado en esas culturas que reprimen a sus
mujeres a través de un velo en la cara y de múltiples prohibiciones, y que permiten
a los machos casi todo. Esas culturas tienen leyes, como hemos visto, para
prohibir las muestras de amor y pasión, y dan incluso condenas de cárcel a
quienes las infrinjan. Aunque es difícil imaginar que una mujer que acepta y
avala el velo sea capaz de tener la fuerza y la decisión para transgredir una
de esas leyes…
En suma, el tema es siempre es
mismo. Lo que falta es educación, formación valórica de verdad, no la que surge
desde el poder, para controlar un orden establecido. Una que impida que los tabúes
nos atrapen en forma cotidiana la mente, que nos limiten y hasta encarcelen)
nuestra sentir, nuestra sensualidad, nuestra pasión, nuestro amor. Una que nos
lleve a vivir sin culpa un beso en la calle. O que nos lleva a presenciarlo sin
rabia o incomodidad.



