martes, 22 de diciembre de 2015

¿CÓMO SON LOS SEDUCTORES “MADE IN CHILE”?


Un amigo turco anda de visita en Chile. A pesar de que vino a trabajar, el perfil sentimental/amoroso de chilenos y chilenas le ha tomado por asalto los sentidos. No ha tenido que hacer mucho análisis. Le ha bastado una más o menos intensa vida social post pega para observar. Y ha quedado muy sorprendido. Quizás porque ha podido ver que los chilenos saben poco del arte de la seducción. “Me llama mucho la atención que en un lugar lleno de mujeres solas, los hombres que llegan no presten atención a las mujeres presentes en el lugar. Y que, más bien, se dediquen a conversar con otros hombres”.

Mi amigo turco ha sido un buen observador. Esa conducta de los hombres chilenos –especialmente aquellos del segmento etario 30/40- años es muy común y de larga data. Si van a bailar, nuestros compatriotas suelen quedarse al lado de un poste, mirando hacia la pista, mientras jóvenes treintonas esperan que alguien las descubra y se dé cuenta que no todos las gatas son negras, aunque sea de noche… Nuestros hombres, a lo más, iniciarán una conversación con otros potenciales bailarines, que tampoco sacarán a la pista a ninguna de las damas presentes...



Mi amigo también se ha dado cuenta que el sexo masculino en nuestro país no es dado a la delicadeza con las mujeres. “Si se les acercan, son poco respetuosos porque plantean sin rodeos su propuesta: ir a la cama. En mi país no es así. Uno seduce, conquista a fuego lento a la mujer antes de proponer sexo”. Incluso esa actitud, que él califica de poco educada con las féminas chilenas, dice verla repetirse en la calle, entre los automovilistas. “No la dan la pasada a una mujer. Le echan el auto encima. Le tocan la bocina. Y si pueden, le quitan el estacionamiento. ¡Me han dado ganas de bajarme del auto para defenderlas...!”, dice este hombre de las tierras de Onur.

Lamentablemente, mi amigo tiene mucha razón.  Una encuesta realizada por el sitio de parejas infieles AshleyMadison.com  a inicios del 2015 entre 7.500 mujeres latinas –a las cuales se les indicó que no podían votar por sus compatriotas- mostró un empate entre los mexicanos y los colombianos como los hombres más románticos del continente. Los chilenos quedaron en el penúltimo lugar… Ante la pregunta de quiénes las hacen reír más –un arma de seducción altamente reconocida-, el triunfo fue para brasileños y mexicanos. Los chilenos quedaron cuartos… Paradojalmente, los chilenos ganaron el ítem de “mejores en la cama”. Esto nos podría llevar a concluir que nuestros compatriotas parecen tener buena técnica, aunque tengan una gigantesca estrechez de  corazón…

Y lo que hace falta es corazón. Mucho corazón y mucha seducción. Porque la conquista amorosa no es equivalente a la conquista territorial. No es la toma a rajatabla de un territorio.  La conquista es  un proceso dulce, cálido, lento y creativo, donde se van botando  barreras en forma imperceptible pero contundente, y donde de pronto conquistador y conquistado intercambian roles y se transforman en un solo corazón, dándose un abrazo apasionado para comenzar a transitar un camino donde ninguno volverá a ser lo que era.



Sin embargo, el trayecto  de la seducción que antecede a una anhelada relación amorosa no es uno fácil para nuestros hombres chilenos. Fernanda, de 29 años, me dice que, en general los encuentra malos seductores. “Son poco cancheros, les cuesta tener la personalidad para hablar de frente…  El ejemplo típico es el maestro de la construcción. ¿Por qué no te dice a los ojos el piropo, por qué siempre por detrás, en forma solapada? No es que quiera un argentino, porque ese es el otro extremo, ese es el jote. Pero el chileno se pasa de pavo”.

Pareciera que a las chilenas echan de menos ese hombre que seduce “creando la instancia”, o sea, que no pregunta “¿dónde quieres ir?” sino que trae una propuesta clara y concreta, que propone panoramas, que es “jugado”, resuelto, decidido. “El hombre que no tiene las cosas claras, que no sabe lo que quiere a las alturas de la vida -en que uno ya debe saberlo- es una lata, más aun si uno es medio indecisa”, puntualiza Fernanda.

Parece que a nuestros chilenitos también les falta el buen reír, lo que es bastante problemático porque este aspecto parece ser también clave en la seducción. No puede ser un buen seductor alguien que es capaz de gritar por la ventana del auto a una mujer: “¿¡Y dónde te regalaron el carnet de manejar, huevona?!”… A ese señor le falta humor, le cuesta ser entretenido y le cuesta también entretenerse en la vida y en el amor. ¿Cómo puede seducir a alguien con esa mochila de rabia?
Otro ingrediente vital en la seducción parece ser la coquetería. Esta puede ser clave para crear el enganche que nos puede cambiar la vida afectiva.  Como dice Lorena, de 35 años, “hay hombres que con pequeños gestos, con una mirada coqueta, te hacen darte cuenta que ‘ese huevito quiere sal’”… Ella dice, en todo caso, que esta actitud es más común en hombres mayores que ella. “Por eso me gustan los hombres de 45 años para arriba; los de mi edad son unos payasos”, agrega lapidaria.


La ternura también formaría parte de la seducción. El que el hombre sea “de piel” también aporta a la conquista. También lo hace el hecho que ese macho que se nos acerca nos haga bajar los decibeles (si los tenemos muy altos) y que podamos imaginarnos un proyecto de vida con él por la madurez que proyecta.

“A mí me conquistó el hombre que me abrió el camino a cosas nuevas, a hacer treckking, a conectarme conmigo misma, porque hasta que lo conocí, yo tenía cero espacio para mi vida interior y él me abrió ese mundo”, sostiene Marina. De modo que ahí tenemos otro elemento de seducción: es muy seductor el que nos planteen nuevas formas de apearnos en la vida, que no hemos contemplado ni sospechado, ni imaginado, antes. El psicólogo Martin Ross, en su libro “El mapa de la autoestima”, grafica a la seducción como “el arte de enloquecer a una persona”. Ni más ni menos…

Entre otras  conductas claves para seducir y que no se observan entre los chilenos se cuentan, según muchas mujeres, el “ñeque” y la sensibilidad. Sin ellas, la conquista se hace difícil… Recordemos que la seducción está ligada al encantamiento, a la fuerte atracción que una persona provoca en otra y a la búsqueda de que ese deseo y afecto encienda en el otro la misma llama que los lleve a compartir la vida y el amor. Pero en Chile no es  fácil porque, como reclama Sonia, una secretaria cercana a los 60 años, “los hombres son muy acaballados, uno expone una idea y te dicen ¿y dónde aprendiste eso?; como que no te dejan ser, tomar la iniciativa”. Por todo esto, les pone nota 5 a los chilenos en la variable seducción.

Otro elemento que atentaría contra la seducción sería, desde luego, la falta de compromiso, el temor a la entrega, el terror a “ser atrapado” que se observa en los hombres chilenos. “Si uno los invita a la casa de los padres, creen que uno los quiere para casarse. Y no se dan cuenta que uno está solo actuando como amiga, por último para que coman una rica comida cocinada por mi madre…”, dice Angélica, de 55 años.

Y lo peor. ¡No quieren gastar plata! Las chilenas ven a sus compatriotas como sexo-centrados y  muy poco  generosos. “Si se acercan, es que quieren sexo. Si uno quiere salir con ellos, creen que es solo porque uno quiere acostarse con ellos. Y muchas veces no es así. Uno busca conversar, pasar un buen rato.  Es como que habláramos dos idiomas…”, precisa Sonia.

Como se ve, el arte de seducir no es fácil y muchas veces se empaña con conductas inadecuadas o, derechamente, desafortunadas. Quizás por ello, un argentino (¿cómo no?) creo una escuela de seducción. Claro que antes se le había adelantado el poeta romano Ovidio, quien ya en el 8 año D.C. escribió su Arte de Amar, donde se refirió a los mecanismos que desencadenan la seducción amorosa y dio consejos para que las conquistas fueran exitosas. Su lema fue, en todo caso, potente: "Todo amante es un soldado en guerra". Este poeta creía firmemente que "mucho amor germina en la casualidad; tened siempre dispuesto el anzuelo, y en el sitio que menos lo esperáis encontraréis pesca."

El año 2007 del siglo XXI, el argentino Mike Tabaschek, quien venía estudiando el tema desde hacía más de una década, fundó LevantArt, la primera escuela de seducción para hombres en su país. Desde  marzo del 2015, Chile también forma parte de la cadena, que incluye países como Colombia y Uruguay. La teoría de Tabaschek es que, así como una persona toma clases de piano o salsa, también puede aprender a conquistar y su plan de estudio contempla materias teóricas y “pasos prácticos” con salidas de los alumnos a discoteques, acompañados de instructores para probar las habilidades en desarrollo.

La filosofía que subyace a la iniciativa de Tabaschek es novedosa: “Lo que las mujeres buscan hoy es lo mismo que han querido desde hace siglos: que el hombre sea un hombre. Ellas terminan escogiendo al que tiene mayor habilidad, al galante. No quieren al amigo, ni al amigo gay, ni al metrosexual que pasa diez horas frente al espejo. Quieren un hombre que ocupe el lugar de hombre”.
Sabia reflexión. En opinión del empresario argentino, ese tan codiciado hombre “es un sujeto que maneja códigos sociales e inteligencia emocional, que es líder en su grupo y sabe cómo vestirse o comportarse en determinados momentos. Pero, por sobre todo, que tiene sentido del humor”. Respecto de la mujer que ese hombre buscaría, Tabascheck también hace un aporte interesante. “A los hombres nos gustan las mujeres que son fáciles para nosotros pero difíciles para el resto. Si una mujer me lo está poniendo muy difícil, quiere decir que no soy lo suficientemente bueno para ella, y eso no es atractivo”.

Hay quienes también han aportado con “decálogos” para una exitosa seducción, aunque otros señalan que la conquista conlleva mucho más que frases o “tips” aprendidos de memoria. En todo caso, los decálogos incluyen afirmaciones como: “La seducción es un arte que se desarrolla con creatividad; Es una habilidad personal como muchas otras; El verdadero seductor no manipula, sino que conquista con 100% del mérito; El seductor es tal porque es también un psicólogo que conoce realmente la psicología del otro; No ser el amigo de la chica que te gusta; Siempre tener el control y no mostrarse demasiado interesado; Un buen baile conquista mil veces mejor que mil poemas de amor; Si conoces a una chica, pídele su mail, no su celular, ya que se sentirá invadida; Siempre una cuota de humor será bienvenida; Sea usted, no aparente”.

En fin. No es fácil este tema. Y, como todo, tiene matices. Por ejemplo, mi amigo turco también me señaló que ve a las mujeres chilenas un poco “descuidadas”, es decir lejanas a las argentinas, colombinas o venezolanas “que  siempre están muy bien maquilladas, bien vestidas y arregladas”. Algo que para él tampoco ayudaría en el complejo mundo de la seducción…

Twitter: @patycollyer

Blog: patriciacollyer.blogspot.com

jueves, 19 de noviembre de 2015

MASTURBACIÓN: ¿POR QUÉ ES UN TEMA TABÚ?


Aunque la masturbación es la forma más precoz de expresar nuestra sexualidad (la practicamos en forma instintiva desde el año y medio de vida e incluso, como se ha visto a través de ecografías, hay fetos de ambos sexos que se masturban al interior del útero materno); aunque probablemente sea la última expresión de sexualidad que tengamos en nuestra vida conyugal; aunque las estadísticas señalen que una mayoría absoluta de hombres y mujeres la practican (94% entre los primeros y 85% entre las segundas, con una periodicidad diaria en el 50% de ambos); aunque sea un hecho que ambos sexos siguen practicándola aún después de emparejarse o casarse (lo hace un 75 % de los hombres en pareja y entre el 75 % y el 91 % de mujeres con compañero estable, observándose que quienes tienen parejas sexuales estables son más proclives a masturbarse que aquellos que no las tienen, algo especialmente claro en mujeres), la conducta sigue siendo un tabú.

Es difícil que los hombres adultos acepten que se masturban. Peor aún ocurre con las mujeres. Incluso, entre amigas, confesar la práctica es incómodo. No es como decir “me encanta ducharme con agua caliente”, o “veo muchas películas románticas”, o “como 4 veces al día”. Casi nadie dice “me masturbo día por medio”, o “con mi pareja nos encanta masturbarnos mutuamente”. Aunque hay que ser justos y señalar que, de acuerdo a un estudio del año 2002, las mujeres jóvenes son mucho más abiertas al hablar de sexo que los hombres. Además, se ha comprobado que las mujeres empiezan a masturbarse antes que los hombres y estudios recopilados por el siquiatra español Jesús Ramos Brieva demuestran que hay más mujeres que hombres que comienzan a masturbarse antes de los 10 años (lo hace así entre el 20% y el 42 % de las mujeres y solo entre el 3 % y el 13 % de los hombres). Esta sería la razón por la que las mujeres aprenderían a masturbarse espontáneamente en mayor proporción que los hombres (lo hacen sin haber hablado con nadie del tema) en tanto los hombres partirían más tarde, tras hablar o leer del tema con amigos.

¿De dónde surge el tabú? ¿Será producto de la pésima crítica que le ha hecho la religión a esta actividad sexual? ¿Será producto de la ignorancia y los prejuicios, que tanto se usan para aplastar los sentimiento y las emociones con la razón de la fuerza?

A pesar de los cambios valóricos y los avances científicos observados en las últimas décadas, hay sectores para los cuales el tabú sigue teniendo mucho peso y ni en los niños aceptan la conducta. Cuando éstos empiezan su etapa masturbatoria, a los 18 meses aproximadamente, a muchos les incomoda y avergüenza. “¡Dile al niño que deje de hacer eso!”, suplican abuelitas un poco escandalizadas… Ello, a pesar de que la masturbación es algo totalmente común en la infancia, como lo detectó Sigmund Freud, y como lo reafirman cientos de psicólogos hoy en día.

La psicóloga Katam de Jalab Atamatak, es una de ellas. “Los niños se masturban por placer, para tranquilizarse o simplemente para explorarse y satisfacer la curiosidad que sienten por su cuerpo”, precisa. Añade que la práctica se estabiliza a los 3 o 5 años y disminuye hasta la pubertad, puntualizando que “la autoexploración es fundamental para una sexualidad saludable”.


El origen del vocablo ya nos da una idea de cómo ha venido la mano en este ámbito… La palabra masturbación provendría del latín manus stuprare, que significa "violar con la mano", o de manus turbare, "excitar con la mano" lo que da cuenta que, históricamente, la acción ha sido considerada polémica y, al menos, ha generado debate, defensas a ultranza, o castigos tan irracionales como brutales. En el 1800, antes del terrorismo psicológico que se aplicó como táctica en tiempos posteriores, la tónica era aconsejar “métodos” para impedir la masturbación, como descargas eléctricas en los genitales o su extirpación quirúrgica; la ablación del clítoris para castigar la masturbación se abandonó recién en los años 30).

Sin embargo, la conducta es eterna como la vida misma, como lo consigna una mirada histórica. Su práctica está documentada desde la antigüedad y es por ello que sabemos que los primeros “consoladores” eran de piedra, tras ser descubiertos en excavaciones de cuevas prehistóricas. También sabemos que la conducta se practicó ya en el periodo neolítico: en la acrópolis griega de Dimini se encontró la figura de un hombre masturbándose, correspondiente a esa época. También hay rastros de la conducta en la Grecia del año 500 A.C. luego de encontrarse falos de madera o de cuero acolchado, que habrían mucha demanda en el mundo femenino. En la América precolombina también hay signoss, como los "huacos eróticos del Perú", a partir de los cuales se ha concluido que la masturbación estaba presente ya en el año 300 A.C., algo que los conquistadores enviados por los reyes católicos calificaron de “perverso”, según se lee en los Archivos de Indias.   

El peso de la Iglesia Católica en la prolongada demonización de la conducta es claro, y explica muchas de las conductas culposas que actualmente observamos y que llevan a que la práctica sea un todavía un tabú.


Según estudiosos del tema, la Biblia no explicitó que la masturbación fuera pecado pero sus seguidores si lo consideraron, y gigantesco. San Agustín declaró que el tocamiento era “peor pecado que la fornicación, la violación, el incesto o el adulterio” y Santo Tomás de Aquino mezcló en un mismo saco la masturbación, el bestialismo y la homosexualidad, calificándoles de “vicios contra natura”.

Lo grave fue que, en el siglo XVIII las creencias religiosas fueron avaladas en forma dramática -si se miran sus repercusiones- por la ciencia. En 1710 apareció la primera obra médica que disparó contra la masturbación, donde un doctor inglés de apellido Becker dictaminó que la conducta provocaba “agotamiento, esterilidad, frigidez e impotencia”. En la época se llegó a afirmar que la pérdida de 30 centímetros cúbicos de semen por vía masturbadora era tan debilitante como la pérdida de un cuarto de litro de sangre…

Felizmente, el rumbo dramático que habían tomado las cosas cambió en el siglo XX con los sexólogos Havelock Ellis (1859-1939) y Alfred C. Kinsey (1894-1956). Ellis aseguró que la masturbación era una práctica sana y frecuente en hombres y mujeres de todas las edades. Kingsey reveló que eran más las personas que se habían masturbado que las que no se habían hecho y en un estudio del año 1953 sobre sexualidad femenina, observó que el 62% de las mujeres había alcanzado orgasmos vía masturbación.

En los ‘60, los sexólogos Masters y Johnson aportaron más evidencia para quitar el estigma sobre la conducta. En 1966, un estudio en mujeres detectó que los orgasmos producto de la masturbación eran fisiológicamente más satisfactorios que el coito, aunque este último sí era más grato en términos emocionales. La sexóloga alemana Shere Hite corroboró lo anterior. "La masturbación es motivo de celebración, pues es una vía sencillísima para alcanzar el orgasmo en la mayoría de las mujeres", señaló.

Estas evidencias cambiaron las cosas –especialmente para las mujeres, donde el tabú cobraba ribetes dramáticos- y la masturbación empezó a ser asumida y reconocida por el mundo femenino. Hoy se puede decir que, en las mujeres, la periodicidad con que se practica y la confesión de esta práctica, ha aumentado significativamente. Quizás porque muchas mujeres fueron descubriendo que eran capaces de lograr el orgasmo solo con la mente. O que disfrutaban más con la autosatisfacción que con la penetración, según consigna un estudio que señaló que ello ocurría en el 41% de las mujeres.
También se fue masificando la certeza que no genera ningún daño –ni mental ni físico- y que, más bien, su práctica  es beneficiosa para la salud y un complemento para las relaciones sexuales ya que, al masturbarse, se aprende sobre el propio cuerpo, sus reacciones, sus zonas erógenas, haciendo que la relación sea más placentera.

Todo lo anterior explicaría  las estadísticas que hemos mencionado. Las que se imponen por sobre el secretismo con que se vive aún la conducta. Es claro que en ello ha influido el conocimiento de los  aportes para la salud física y mental que tiene la masturbación.

Por ejemplo, diversas investigaciones han concluido que fortalecería el sistema inmunológico y que en las mujeres aliviaría los dolores premenstruales además de, entre otras cosas, prevenir la endometriosis y fortalecer el tono muscular en las áreas pélvica y anal. Esto último reduciría la pérdida de orina involuntaria, el prolapso uterino y, en el caso de los hombres, la disfunción eréctil y la eyaculación precoz.

En los hombres, también ayudaría a prevenir el cáncer a la próstata (un estudio hecho en Australia, citado por el diario The Clinic en julio de 2013, concluyó que los hombres que eyaculan más de cinco veces por semana tienen un tercio menos de probabilidad de desarrollar cáncer de próstata ya que las toxinas que causan la enfermedad se acumulan en el tracto urogenital y al eyacular, se las expulsa del cuerpo). También sería una solución para vencer el insomnio y el stress, ya que al alcanzar el orgasmo, el cuerpo se relaja.
En definitiva, la demonización de la conducta ha dado paso a un nuevo estado, donde está claro que practicarla no tiene ningún  “efecto colateral” negativo, sino más bien lo contrario.
A pesar de ello, sigue siendo un tabú, principalmente para el sexo femenino. ¿Llegará el día en que hombres y mujeres podamos vivirla abiertamente, sin temor, culpas o vergüenza? ¿Podremos alguna vez zafarnos de tabúes que nos dificultan confesar conductas sexuales que tanto gozamos puertas adentro?

Twitter: @patycollyer

Blog: patriciacollyer.blogspot.com

lunes, 6 de julio de 2015

TOQUETEOS Y BESUQUEOS: ¿POR QUÉ NOS MOLESTAN?


A los que vemos las teleseries turcas tan de moda, nos llama la atención la falta de demostraciones sensuales y sexuales de parte de protagonistas que mantienen evidentes relaciones amorosas. Era especialmente impactante en el caso de la serie Fatmagul, donde la joven pareja moría de amor pero ni casados podían darse besos apasionados para la cámara, menos tener sexo (cinematográfico, claro). En India, hasta hace pocos años, la poderosa industria cinematográfica no incluía besos entre sus actores y si  ello ocurría, era noticia.

Anduve en Estambul y pude comprobar que las muestras públicas de afecto son escasas. Las parejas a lo más se toman de la mano. Y, obviamente, para aquellas mujeres  que son fuertemente religiosas (en un país con 95% de musulmanes), el velo impide cualquier contacto físico delante del mundo. Sorprende ver que hay más intimidad con modernos celulares –siempre pegados a la mano y haciendo contacto con los ojos- que con la pareja. La doctrina es expresar puertas adentro. Como me señaló una joven recién casada en luna de miel, “solo me interesa mostrarme ante mi marido y soy feliz tapando mi cara y mi cabeza; no me aproblema en lo más mínimo no poder lucir mi cuerpo ni mi pelo o mi cara”…


Claramente, se trata de un tema cultural. Paradojalmente, en el Caribe también está presente el pudor frente a las expresiones públicas de afecto. Los besos apasionados en lugares de alto tráfico no son bien vistos. Claro que nadie castiga a las parejas que lo hagan. Algo que sí ocurre en otros lugares del mundo.


Por ejemplo, una ciudad que no puede celebrar el Día del Beso –que se recuerda cada 6 de julio- es Dubái, la capital de los Emiratos Árabes Unidos. Una ley prohíbe besarse en la calle. En Irán, las normas islámicas también prohíben besarse en público, algo que rige para casados y solteros. En Malasia, también se prohíbe por ley besarse y tomarse de la mano públicamente, pero la norma solo incluye a los nativos. En Guanajuato, México, está prohibido besar y acariciar a la pareja en la vía pública y hacerlo puede costar hasta un día de prisión. En China, solo en 1997 se abolió una ley que prohibía besarse en público. Y en India, el país del kamasutra, los jóvenes tienen problemas para expresar su pasión ya que los hoteles hasta les pueden pedir certificado de matrimonio para dejarlos entrar...

En los países del Asia oriental, las cortapisas las pone Confucio. Para la gente mayor, mostrar las emociones del público iría contra los valores de esa cultura. Aunque las costumbres se han liberalizado y tomarse de la mano y besarse en público es algo más común, todavía es considerado “desagradable".

Las costumbres respecto del tema son muy diversas. Los gringos no son, en general, dados a expresar mucho afecto en público (razón por la cual entre ellos no existe nuestro cotidiano beso en la mejilla, gesto de afecto que actualmente es muy común incluso entre los hombres). Algo similar ocurre en Tailandia, donde es tabú tocarse durante el saludo y lo que reemplaza al beso es el saludo budista…


Sorprende que a los inmigrantes que vienen de países de “sangre caliente” les parezca que en Chile somos demasiado efusivos, y que les choque eso de los besos en el Metro o en los paraderos de micro. ¿Será verdad? ¿Somos tan demostrativos?¿Nos gustan las expresiones físicas de la pasión o más bien nos molesta e incomoda verlas?

Se dice que Chile estaría entre los países con pocos complejos a la hora de expresar el afecto y la pasión en público. Ello es especialmente elocuente entre los jóvenes. Sin embargo, el límite estaría puesto –como siempre- frente a las expresiones homosexuales. Pocos parecen aceptarlas plenamente y algunos las sienten incluso como una agresión. 
Recuerdo un taxista que se indignó al ver a dos homosexuales dándose un beso furtivo en la esquina en la que nos tocó detenernos...

¿Qué hace que sea más común que molesten las demostraciones públicas del afecto a que agraden? ¿O que haya culturas que las repriman directamente? 

Pareciera ser que el punto neurálgico tiene que ver el tabú. Y el sexo es, quieramoslo o no, un tema tabú en Chile. Aunque ello, claramente, es menos fuerte entre los jóvenes. Como me señalaban tres mujeres profesionales de entre 25 y 30 años, “uno tiene mucho menos rollo hoy en día con el tema del sexo porque no podría viajar a lo pobre si lo tuviera; si te alojas en hostales juveniles de países europeos o de Estados Unidos, siempre vas a escuchar parejas súper efusivas a la hora del sexo; y después te las vas a topar a la mañana siguiente como si nada…”. Sí dicen sentirse más incomodas frente a parejas que frente a ellas y a menos de un metro, se expresen su pasión. “Es que se siente de alguna forma como una invasión a tu metro cuadrado, como una imposición de algo que no necesariamente tú quieres ver o vivir”.


De modo que también tendría que ver supuestamente con la libertad. Muchas personas me dieron como argumento de su incomodidad o molestia la imposición de parte de los besadores.  “Se plantan al lado tuyo en el Metro y empiezan a atracar ¡No tengo ganas de verlos en eso!”, dice una mujer sesentona. Imagino que poca gente se atreve a decirles algo. No es lo que ocurre en el caribe… Un cubana me contaba que en su país los mandan, en forma lúdica y a gritos, “a buscarse una posada (hotel parejero)”.

El ejemplo de un edificio cercano a mi casa da cuenta de lo fuerte que es la incomodidad que genera ver o escuchar a otros expresando su pasión. De pronto apareció en el barrio una pareja teniendo sexo a menudo y en largas jornadas, con potentes y audibles muestras del placer por parte de ella (él solo hablaba de tanto en tanto). Al cabo de una semana, una de las vecinas del edificio contiguo acudió a reclamar al conserje sobre la situación. La pareja calló y muy pronto se mudó…

Siempre me pregunté qué fue lo que causó tanta incomodidad en el vecindario. Un argumento que me dieron es que los niños escuchaban y se desconcertaban. ¿Pero no habría sido más fácil explicarles que esos gritos no eran de sufrimiento sino de placer? ¿No sería más fácil abrir el tema y explicar  que el sexo conlleva a veces muestras estridentes de placer?

Pero no es lo que ocurre. Preferimos  no escuchar ni ver. Y estresarnos bastante si sabemos que alguien –un vecino, un hijo, la nana- pueden estar escuchando el progreso de nuestra relación sexual. Siempre me pregunto cuanta frustración tendrán las parejas que viven de allegadas en las pequeñas casitas de población, con paredes de cartón (a veces literalmente). Algo de ellos vimos en una de las películas del Chacotero Sentimental en tono de comedia, pero la realidad es bastante más dramática para los verdaderos protagonistas….


Bueno, pareciera que esas parejas que se besan apasionadamente delante nuestro han superado el pudor y el stress. Y nos lo han trasladado a nosotros… Porque de verdad, siento que para algunas personas es muy disruptivo ser testigos de besuqueos y toqueteos. Los enoja, los violenta incluso. Y entonces me vuelvo a preguntar, ¿por qué nos enoja el amor, el afecto –que en definitiva es lo que está ocurriendo entre esas personas que se besan- y no la violencia o la agresión? ¿A quién daña una pareja haciendo el amor en un edificio vecino?

Sí es violento ver a un niño pedir limosna, pero no siento que esa escena produzca la incomodidad que debería en quienes la presencian. En todo caso, la provoca en mucho menor medida que el sexo. La violencia no es tabú. Es un tema abierto y descarnado, instalado en nuestra sociedad. Instalado en esas culturas que reprimen a sus mujeres a través de un velo en la cara y de múltiples prohibiciones, y que permiten a los machos casi todo. Esas culturas tienen leyes, como hemos visto, para prohibir las muestras de amor y pasión, y dan incluso condenas de cárcel a quienes las infrinjan. Aunque es difícil imaginar que una mujer que acepta y avala el velo sea capaz de tener la fuerza y la decisión para transgredir una de esas leyes…


En suma, el tema es siempre es mismo. Lo que falta es educación, formación valórica de verdad, no la que surge desde el poder, para controlar un orden establecido. Una que impida que los tabúes nos atrapen en forma cotidiana la mente, que nos limiten y hasta encarcelen) nuestra sentir, nuestra sensualidad, nuestra pasión, nuestro amor. Una que nos lleve a vivir sin culpa un beso en la calle. O que nos lleva a presenciarlo sin rabia o incomodidad.

martes, 28 de abril de 2015

MARIDOS BISEXUALES: LA VIDA TE DA SORPRESAS...


Un amigo homosexual cercano a los 45 años, me criticó por omitir en mis columnas 

temas tan escabrosos como cotidianos, según me señaló. Apelando a su propia 

experiencia, me informó que el porcentaje de maridos chilenos bisexuales era 

más alto de lo que uno remotamente imaginaba. Según sus palabras, múltiples 

veces había sido buscado por hombres casados, con hijos, y muchas otras 

había tenido encuentros sexuales con ellos. Tras las citas, nada había cambiado

en la vida de sus esporádicos y efímeros amantes.





El testimonio de Tomás, casado, dos hijos, de 47 años, corrobora esto último: 

"Las relaciones sexuales con mi esposa son muy buenas, pero además tengo 

sexo con dos amigos. Pero no es sólo cuestión de sexo, lo primordial es que 

somos amigos y lo otro es una consecuencia de esta amistad, no a la inversa. 

Creo que esto solo puede entenderlo un hombre…".

En vista del llamado de atención de mi amigo gay, decidí hurgar en este mundo, 

al parecer profundamente escondido tras las idílicas apariencias de parejas 

supuestamente heterosexuales.


El Movilh (Movimiento de Integración y Liberación Homosexual) señala que, 

considerando los resultados del Censo 2012 y siguiendo la fórmula del Informe 

Kinsey, en Chile habría 810.189 hombres bisexuales o gays y 853.271 mujeres 

lesbianas o bisexuales.

Sin embargo, según el sexólogo Roberto Ronsenzvaig, las estadísticas sobre la 

bisexualidad no son confiables. "El o la bisexual se ubica en un territorio sin 

reconocimiento social ni moral, por lo que difícilmente admite su condición", dice. 

Añade que, "a pesar de lo que comúnmente se cree, sus prácticas no son 

habitualmente simultáneas, sino que atraviesan períodos más o menos prolongados 

en los cuales pueden mantener una pareja plena de uno u otro sexo". Al respecto, 

el caso del escritor Jaime Bayly es ilustrativo.

¿Son los bisexuales en realidad homosexuales encubiertos? Es decir, ¿necesitan 

armar una doble vida para ser aceptados socialmente? Según diversos expertos 

en el tema, no es así. Partiendo por Sigmund Freud. Desde los tiempos del famoso 

psiquiatra que se viene analizando en forma científica la atracción dual hacia hombres 

y mujeres. Ya en los años 20, Freud habló de la bisexualidad como "un rasgo 

innato de los humanos".

Con él, la definición de sexualidad cambió ya que agregó los conceptos de libido

y pulsión al componente biológico-reproductivo, señalando que el acto sexual del 

ser humano es más que instintivo, como el de los animales, porque tenemos la 

capacidad de elegir, según lo resume la psicóloga psicoanalítica Daniela Munizaga 

Álvarez.

La profesional explica que la elección del camino de la bisexualidad no es algo 

racional. "Se trata de una elección inconsciente y no es algo donde uno diga voy 

a decidir que me gustarán los hombres y las mujeres. El ser humano debe luchar

incansablemente por definirse para alcanzar una identidad", manifiesta.

A fines de los años 40, Alfred Kingsey -uno de los pioneros de la investigación sexual
humana en Estados Unidos- creó una escala de seis puntos para determinar si una 
persona era heterosexual, homosexual o estaba en un punto intermedio. El espectro 
mostraba grados variantes de homosexualidad y heterosexualidad. Por ejemplo, en el 
rango 3 (propio de los bisexuales quienes, según dijo, practicaban un 50% de relaciones 
sexuales con hombres y un 50%, con mujeres) incluyó al 11,6% de los varones blancos 
entre 20 y 35 años.


Lo que es un hecho de la causa es que existen hombres y mujeres que sienten 
atracción física, emocional y sexual por ambos géneros y  que son capaces de 
construir relaciones amorosas con hombres y con mujeres en forma indistinta.

Así lo dan cuenta diversos portales para citas sexuales chilenos, en los cuales 

se leen centenares de avisos como el siguiente, publicado el 31 de marzo de 2015: 

"Hola, soy bisexual 100% pasivo, casado 48 años bien conservados, buen trato, 

discreto afable. Busco un amigo 100% activo, sin rollos y tapujos, muy discreto y 

jugado, para compartir y disfrutar agradables momentos. Tengo lugar de encuentro

en Viña, contactar reales interesados".

El caso de la pareja norteamericana formada por Christine y Robert Winn, es 

emblemático. Ella es heterosexual, el bisexual asumido. Dice ella: "No pienso en su 

bisexualidad como algo que tenga que aceptar, sino como una parte de él, como 

la que tiene cualquier otro esposo, como la costumbre de dejar la ropa sucia en 

el suelo o no sacar la basura". Sin embargo, no todo fue siempre feliz. ¿La vida

matrimonial pudo haber sido más fácil si Robert no hubiera contado su secreto? 

Él dice que tal vez pero que habría sido mentirse y eso fue algo que nunca quiso 

hacerse a sí mismo ni a su esposa. "No quería llegar a los 40 y entonces decir a 

Christine que era bisexual; afortunadamente ella estuvo dispuesta a aceptarme", dice.

Este es un ejemplo bastante excepcional. Porque para la inmensa mayoría de las

mujeres que se topan cualquier día con la sorpresa que su cónyuge es bisexual, 

la situación se transforma es un drama difícil de asumir y superar. Los sentimientos 

de traición, miedo y confusión estallan y se mezclan. Y, como es lo esperable, si la mujer ama a su marido, se llenará de miedo -porque éste es un tema rotundamente tabú- y de preocupación por el futuro de la unión.

Pero, definitivamente, descubrir que se tiene un esposo bisexual es un problema a tratar en pareja. Porque el dolor de la esposa puede ser tanto o más fuerte que aquél que vive el hombre cuya vida es doble. 

En términos frívolos, para este último puede parecer como el mejor de los mundos, pero ser bisexual no es fácil, dicen quienes viven la condición. "Debes luchar contra estereotipos: que somos promiscuos, adolescentes, oportunistas o cobardes incapaces de asumir nuestra homosexualidad", dice Claudio. "A la gente le confunde la bisexualidad y no hay mucho apoyo para quienes estamos en un punto medio. Ni la comunidad gay ni la heterosexual apoyan a hombres y mujeres que se sienten atraídos a ambos sexos", agrega Pedro. "Tú puedes estar dentro o fuera del clóset. Pero no estar ni dentro ni fuera es una alternativa difícil de llevar", remata Domingo.

Patricia Collyer, periodista y psicóloga Universidad de Chile.

lunes, 2 de marzo de 2015

HEART-HUNTING: ¿ESTA EL AMOR REALMENTE A LA VUELTA DE LA ESQUINA?

Es un hecho que encontrar pareja no parece ser algo fácil. En tiempos dominados por el exitismo, la plata dulce, las ansias de rápido ascenso social, lo único que no parece estar fácilmente disponible en el mercado es el amor. No es cosa de querer un amor y encontrarlo. Como se encuentra una tablet o un celular a nuestro entero gusto. Pareciera, incluso, que cada día se hace más difícil la búsqueda y el hallazgo del tan codiciado amor de pareja. Si en España, hasta se acuñó el término "heart-hunting", como un símil del head-hunting… Pero, desgraciadamente, el amor no se encuentra en un portal de búsqueda laboral, como se encuentra una pega.


Uno pregunta y se encuentra con mucho desencanto, mucha desesperanza aprendida, mucha desconfianza y hasta mecanismos de negación, tal vez como una defensa ante la frustración de una búsqueda fatigosa y muchas veces estéril. "No me interesa emparejarme", "no quiero ni loca un hombre puertas adentro", "lo mejor son los amigos con ventaja" son frases que escuchamos a diario en mujeres separadas por largo tiempo, o incluso en treintonas y cuarentonas que no se han casado. Frases que también escuchamos a los hombres después de una o más experiencias matrimoniales, las que, sin embargo, parecen contradecirse con las estadísticas del Registro Civil que informan que, desde el año 2005, cuando entró en vigencia la Ley de Divorcio, de los 320 mil matrimonios realizados, en casi 30 mil han participado divorciados y de ellos, el 61% han sido hombres.

¿Por qué cuesta encontrar el amor de pareja? ¿Será porque hombres y mujeres buscamos cosas muy distintas en el sexo opuesto? ¿Será porque enfrentamos el camino al amor de forma muy diferente? ¿Será porque vivimos las diversas etapas del afecto (que describió magistralmente la antropóloga Helen Fisher) con "softwares" cerebrales diferentes, totalmente divergentes y a veces hasta antagónicos?

Hay quienes creen que el proceso es más difícil para los hombres y lo comparan con el ingreso a una rotonda. "Para los hombres, es entrar a una rotonda llena de autos: es difícil y tienen que esperar el momento; para las mujeres es entrar a una rotonda vacía: rápido, fácil, y sin riesgo de encontronazos".


En todo caso, el punto es que vemos mucha gente sin pareja, especialmente mujeres mayores de 40. El camino hacia el amor es de los más complejos y generalmente nos sentimos sobrepasados por la confusión y las dudas. ¿Qué buscan los hombres en una mujer? ¿Qué buscan las mujeres en un hombre? ¿Cómo se apean del caballo del amor hombres y mujeres?

A ese mar de dudas se suman los hallazgos de algunos estudiosos del cerebro, como Gareth Leng de la Universidad de Edimburgo, quien ha descubierto que hay personas que, por razones fisiológicas, no logran enamorarse… (o les cuesta mucho). Explica Leng que quienes tienen menos receptores cerebrales de los que se necesitan para recibir la hormona oxitocina –aquella que ayuda a forjar lazos permanentes, por ejemplo entre una madre y su bebé y que se produce también durante el orgasmo- pueden tener dificultades para entablar lazos amorosos permanentes.

Complementariamente, existe la teoría que quien busca solo sexo puede llegar a enamorarse por esa vía porque en cada orgasmo se iría desarrollando un vínculo de apego con el compañero de cama. (¿De allí que la institución amigos con ventajas no sería tan "aséptica" en términos afectivos?).


Hay estudios que señalan que uno de los problemas para el encuentro amoroso surgiría porque los seres humanos no cuentan con señales o códigos mediante los cuales la relación sexual se produzca en forma instintiva, como en los animales. Hombres y mujeres necesitan insinuar o hablar y en este proceso de comunicación -como en todo proceso de transmisión de mensajes- se generan "ruidos" que dificultan el acercamiento. La doctora Georgina Montemayor, catedrática de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y especialista en anatomía del cerebro, descubrió que hombres y mujeres tienen las mismas estructuras cerebrales pero cambia la manera como están conectadas y las funciones que adoptan. Esta forma distinta de interconexión haría que muchas señales se procesen en forma distinta por hombres y mujeres.

¡Peor aún! Damas y varones vendrían dotados de distintos programas, verdaderos "softwares" cerebrales, para funcionar. ¡Imaginemos lo complicado que resulta concretar la aproximación amorosa, en la cual uno pone tanto en juego, enviando mensajes en Word a un usuario de Excel!

La antropóloga norteamericana Helen Fisher estudió las operaciones que realiza el cerebro de hombres y mujeres cuando buscan pareja. Para ello, dividió los procesos químicos y biológicos que se dan en cada una de las tres fases del amor, descritas por ella hace más de dos décadas: deseo sexual, enamoramiento y apego o amor romántico. Claramente, sus conclusiones parecen dar sustrato fisiológico al antiguo aserto que dice que "los hombres se enamoran a través de los ojos y las mujeres, a través de los oídos"…


Uno de los hallazgos básicos de Helen Fisher se relaciona con los estímulos que motivan a cada sexo. Señala que los hombres se excitan más ante estímulos sexuales visuales y ante signos de juventud, salud y fertilidad (lo que hace que no sea raro que los varones usen con más frecuencia material pornográfico visual para estimularse y que, gracias a ellos, en EE.UU. el negocio ligado a este rubro genere utilidades por 500 millones de dólares al año). Al respecto, la doctora Georgina Montemayor explica que en el cerebro del hombre hay mayor cantidad de estructuras dedicadas al sexo. Ello explicaría que el deseo sexual se manifieste en ellos, principalmente, a través de la atracción física.

Según Fisher, a las mujeres también les excitan las imágenes pero se sentirían más atraídas por los signos de afecto y compromiso, generándoles mayor excitación las palabras, los temas románticos, siendo más sensibles a las caricias corporales (se sabe que, teniendo en cuenta estos hallazgos, los productores de películas porno de EE.UU. habrían comenzado a incluir argumentos de apariencia romántica en sus elementales filmes…). Es decir, para ellas las fantasías y circunstancias que despiertan la libido surgirían básicamente del amor que creen podría gestarse con un hombre. Su objeto de deseo sería ser amadas, algo que explicaría –según los estudiosos- la mayor dificultad de las mujeres a renunciar al amor, es decir a satisfacerse con relaciones del tipo "amigo con ventaja". En algún momento primará su naturaleza… O más bien, su tipo de software cerebral.

La antropóloga norteamericana explica que el deseo sexual tiene como fin perpetuar la especie. Sin embargo, incluso el acto sexual es vivido en forma distinta por hombres y en mujeres. Cuando éste finaliza, los hombres aprietan el stop, dejan de pensar y se duermen como tronco... Por el contrario, después del coito, las mujeres, en total vigilia, empiezan a pensar en lo que sigue. Un tremendo desencuentro para perpetuar no solo la especie sino el amor entre hombre y mujeres…


Respecto del estado de enamoramiento, en esta fase funcionaría un "software" bastante similar para hombres y hombres, el que involucraría a neurotransmisores similares a los que operan en el desarrollo de las adicciones y en el logro de objetivos. Sin embargo, éste también operaría en forma distinta en hombre y mujeres. Durante el flechazo de Cupido, los hombres sentirían más intensamente este sentimiento.

La tercera fase, la del apego, la del desarrollo del vínculo después de las etapas de deseo y flechazo, sería más compleja. "Este programa se desarrolla muy a largo plazo. Tú no puedes sentir este apego, este amor verdadero, en un año; es lento y tiene sus complicaciones", explica la doctora Montemayor. Lo que explicaría también por qué cuesta armar pareja, ya que no solo implica encontrar a alguien, sino lograr amarlo…

Las chilenas cercanas a los 30 años lo tienen claro. Muchas relatan que recién llegando a los 25 años vivenciaron el enamoramiento. "Antes, mis pololos eran desechables y de ningún modo estaban entre mis prioridades al tomar decisiones sobre salir a carretear o viajar. Prefería hacerlo con amigas", dice una profesional de 27 años que cuenta que desde hace tres años vive el enamoramiento después de haber puesto en práctica una estrategia de conquista que le dio resultado. "Planifiqué que él se topara conmigo y cuando ocurrió, me las jugué para que nos emparejáramos, preguntándole de entrada si estaba en la misma parada que yo", relata. Otras dos amigas de su edad dicen que hay que actuar de esa forma "cuando uno sabe que está sintiendo algo inédito y potente, el amor, que no deja lugar a dudas que esta relación es distinta y hasta aparece la idea de tener hijos".

Pero llegar a ese momento no es fácil. Incluso los jóvenes chilenos se ayudan con herramientas cibernéticas, como Match.com, la página más grande en el mundo de citas online, y Tinder. No es disparatado como estrategia si se piensa, como señaló el diario "The New Yorker", que uno de cada seis matrimonios en Estados Unidos es fruto de una cita online.

Tinder es una de las tantas aplicaciones para smartphones y conecta a gente del sexo opuesto a través de Facebook. No hay que crear un perfil sino que basta con bajar la aplicación al celular, conectarla a la cuenta de FB y desde ahí seleccionar las fotos que uno quiere usar. Además, tiene incorporado un GPS que muestra a la gente más cercana. La app ha llegado a ser muy popular en Chile. Al día, 3,5 millones de personas se gustan mutuamente en Tinder y desde que se creó, la aplicación suma 300 millones de usuarios. Los usuarios entran a la aplicación 11 veces al día y la usan 77 minutos diarios, en promedio…

Sin embargo, mis entrevistadas cercanas a los 30 años no habían usado esta herramienta para encontrar a sus pololos. Les había ocurrido lo clásico: el "estino" (aunque hay quienes dicen que no existe el destino sino la decisión de encontrar pareja, planteándoselo como cualquier otro proyecto que uno emprende en la vida). "Yo llegué a una fiesta con una bolsa de ajos y me llamó la atención un mino que llevaba una bolsa de pickles. Éramos los únicos con aportes tan raros. Eso generó la conversación. Estamos conviviendo desde hace 4 años…", cuenta Alejandra.

Sin embargo, esa ayudita del destino no es tan frecuente cuando se ha pasado la edad en que estudiamos -y todos andamos en la búsqueda de pareja, lo que facilita los encuentros- ni tan fructífera si se piensa lo distintas que son las motivaciones de hombres y mujeres para fijarse en un potencial pretendiente. Así lo muestra un estudio de las doctoras Christine B. Whelan, de la Universidad de Pittsburgh, y Christie Boxer, de la Universidad de Iowa, a través del cual hicieron un ranking con las 18 razones para elegir esposa o marido que dieron los hombres y mujeres encuestados.

Los primeros tres lugares coincidieron. Ambos sexos dieron como razones para querer casarse tres: sentir amor, tener alguien en quien confiar y contar con un soporte emocional. También coincidieron en el sexto lugar: contraer matrimonio era una forma de insertarse en la sociedad. Sin embargo, en el cuarto lugar partieron las diferencias: las mujeres pusieron aquí el deseo de tener hijos y un hogar, algo que los hombres situaron en el noveno lugar… En el quinto puesto, las mujeres pusieron la educación e inteligencia de sus eventuales parejas; los hombres relevaron un poco más esta cualidad, poniéndola en el puesto 4, en tanto la simpatía del potencial cónyuge fue más importante para ellos: la pusieron en el lugar 5 y las mujeres, en el 7. La ambición fue más relevante para las mujeres, que le dieron el lugar 8, en tanto los hombres le dieron el 10.

Si uno se da a la tarea de rastrear las innumerables listas de aspectos que "los hombres buscan en las mujeres" y "que las mujeres buscan en los hombres" podríamos concluir que ¡es casi imposible emparejarse! Los requisitos que pone cada sexo son tan abultados como irrealizables. Y desde luego, no calzan mucho con las aptitudes propias de cada género. Hay excepciones. Por ejemplo el sentido de humor es un estímulo fundamental para ambos sexos (sin embargo, las mujeres dicen preferir el humor elegante, inteligente e irreverente a aquél de doble sentido, más propio de los machos…). También coinciden hombres y mujeres en la necesidad que el otro sea "carismático", "detallista" (o sea, que tenga buena memoria y no olvide el bonito detalle), "maduro emocionalmente" y "limpio y presentable". ¡Por suerte algo en común! Un requisito complicado que ponen las mujeres a los hombres es que "sepan escuchar" porque los exponentes del sexo masculino prefieren, sin duda, dar consejos prácticos que saquen a la mujer rápidamente del problema. En general, es su especial forma de empatizar con nosotras más que prestarnos una oreja gigante…

Por su parte, algunos de los requerimientos de los hombres para encontrar deseable a una mujer incluyen cosas como "juguetona, mimosa, organizada, cuerda, independiente, femenina, sexy 'sin ser una cualquiera', cariñosa en la intimidad". O atributos como que "tenga vida propia, mentalidad 'global', madurez emocional, hable inglés", o que "haga ejercicio, se alimente en forma saludable, no fume, le guste viajar, no dé nunca el primer paso, sea mi mano derecha, valore el amor, sorprenda siempre, no sea un amigo de parranda más...".

Ellas, como contraparte, piden que ellos sean "amables, cuidadosos, tengan mucho cerebro, sean seguros, creativos, considerados, sinceros, presentables, caballeros, colaboradores". También desean que "se hagan el tiempo para la pareja, nos hagan sentir que somos parte esencial de sus vidas, se sientan cómodos en cualquier situación, se esfuercen por complacernos, seamos su prioridad, practiquen las preliminares en el sexo, entiendan que a veces no queremos sexo, nos dejen nuestro espacio, sepan pedir perdón, nos respeten, nos sorprendan, cocinen, nos necesiten...".

En todo caso, lo que menos se pide -al menos entre las mujeres- es el macho clásico (algo que puede haber cambiado ahora que tenemos tanta teleseries turcas en pantalla…). Una encuesta realizada entre más de 2.000 mujeres de entre 21 y 54 años por el diario "Los Tiempos.com" determinó que sólo un 13% de las consultadas valoraba los "músculos" en un hombre, mientras que un 66% consideraba clave "la integridad moral". Asimismo, la mayoría consideraba más atractivo a un hombre bueno con los niños y quizás no tan guapo, que uno buenmozo. Un 84% valoró la "fidelidad" como un atributo sexy, un 75% eligió la "fiabilidad", un 67%, la "bondad" (más preponderante en mujeres mayores de 35), un 48% el "romance"; un 46% la "pasión", un 41% la "confianza en sí mismo" y un 38%, la "generosidad", algo más importante también para las mujeres mayores de 35 años. Que fuera "bueno en la cama" lo eligió un 35% de las encuestadas y solo un 15% pidió que fuera alto…

En fin. Claramente, no solo no parece fácil encontrarse. Tampoco lo es darse en el gusto. ¿Será tanta exigencia y expectativas lo que hace más difíciles las cosas? Algo ocurre que emparejarse se ha convertido para muchos en una tarea más agotadora que subir el Everest o conseguir una pega de 5 millones al mes en 48 horas… "¡Vamos simplificando los pliegos de peticiones que si no vamos a terminar despoblando el planeta!".

Por Patricia Collyer, periodista y psicóloga Universidad de Chile.