lunes, 2 de marzo de 2015

HEART-HUNTING: ¿ESTA EL AMOR REALMENTE A LA VUELTA DE LA ESQUINA?

Es un hecho que encontrar pareja no parece ser algo fácil. En tiempos dominados por el exitismo, la plata dulce, las ansias de rápido ascenso social, lo único que no parece estar fácilmente disponible en el mercado es el amor. No es cosa de querer un amor y encontrarlo. Como se encuentra una tablet o un celular a nuestro entero gusto. Pareciera, incluso, que cada día se hace más difícil la búsqueda y el hallazgo del tan codiciado amor de pareja. Si en España, hasta se acuñó el término "heart-hunting", como un símil del head-hunting… Pero, desgraciadamente, el amor no se encuentra en un portal de búsqueda laboral, como se encuentra una pega.


Uno pregunta y se encuentra con mucho desencanto, mucha desesperanza aprendida, mucha desconfianza y hasta mecanismos de negación, tal vez como una defensa ante la frustración de una búsqueda fatigosa y muchas veces estéril. "No me interesa emparejarme", "no quiero ni loca un hombre puertas adentro", "lo mejor son los amigos con ventaja" son frases que escuchamos a diario en mujeres separadas por largo tiempo, o incluso en treintonas y cuarentonas que no se han casado. Frases que también escuchamos a los hombres después de una o más experiencias matrimoniales, las que, sin embargo, parecen contradecirse con las estadísticas del Registro Civil que informan que, desde el año 2005, cuando entró en vigencia la Ley de Divorcio, de los 320 mil matrimonios realizados, en casi 30 mil han participado divorciados y de ellos, el 61% han sido hombres.

¿Por qué cuesta encontrar el amor de pareja? ¿Será porque hombres y mujeres buscamos cosas muy distintas en el sexo opuesto? ¿Será porque enfrentamos el camino al amor de forma muy diferente? ¿Será porque vivimos las diversas etapas del afecto (que describió magistralmente la antropóloga Helen Fisher) con "softwares" cerebrales diferentes, totalmente divergentes y a veces hasta antagónicos?

Hay quienes creen que el proceso es más difícil para los hombres y lo comparan con el ingreso a una rotonda. "Para los hombres, es entrar a una rotonda llena de autos: es difícil y tienen que esperar el momento; para las mujeres es entrar a una rotonda vacía: rápido, fácil, y sin riesgo de encontronazos".


En todo caso, el punto es que vemos mucha gente sin pareja, especialmente mujeres mayores de 40. El camino hacia el amor es de los más complejos y generalmente nos sentimos sobrepasados por la confusión y las dudas. ¿Qué buscan los hombres en una mujer? ¿Qué buscan las mujeres en un hombre? ¿Cómo se apean del caballo del amor hombres y mujeres?

A ese mar de dudas se suman los hallazgos de algunos estudiosos del cerebro, como Gareth Leng de la Universidad de Edimburgo, quien ha descubierto que hay personas que, por razones fisiológicas, no logran enamorarse… (o les cuesta mucho). Explica Leng que quienes tienen menos receptores cerebrales de los que se necesitan para recibir la hormona oxitocina –aquella que ayuda a forjar lazos permanentes, por ejemplo entre una madre y su bebé y que se produce también durante el orgasmo- pueden tener dificultades para entablar lazos amorosos permanentes.

Complementariamente, existe la teoría que quien busca solo sexo puede llegar a enamorarse por esa vía porque en cada orgasmo se iría desarrollando un vínculo de apego con el compañero de cama. (¿De allí que la institución amigos con ventajas no sería tan "aséptica" en términos afectivos?).


Hay estudios que señalan que uno de los problemas para el encuentro amoroso surgiría porque los seres humanos no cuentan con señales o códigos mediante los cuales la relación sexual se produzca en forma instintiva, como en los animales. Hombres y mujeres necesitan insinuar o hablar y en este proceso de comunicación -como en todo proceso de transmisión de mensajes- se generan "ruidos" que dificultan el acercamiento. La doctora Georgina Montemayor, catedrática de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y especialista en anatomía del cerebro, descubrió que hombres y mujeres tienen las mismas estructuras cerebrales pero cambia la manera como están conectadas y las funciones que adoptan. Esta forma distinta de interconexión haría que muchas señales se procesen en forma distinta por hombres y mujeres.

¡Peor aún! Damas y varones vendrían dotados de distintos programas, verdaderos "softwares" cerebrales, para funcionar. ¡Imaginemos lo complicado que resulta concretar la aproximación amorosa, en la cual uno pone tanto en juego, enviando mensajes en Word a un usuario de Excel!

La antropóloga norteamericana Helen Fisher estudió las operaciones que realiza el cerebro de hombres y mujeres cuando buscan pareja. Para ello, dividió los procesos químicos y biológicos que se dan en cada una de las tres fases del amor, descritas por ella hace más de dos décadas: deseo sexual, enamoramiento y apego o amor romántico. Claramente, sus conclusiones parecen dar sustrato fisiológico al antiguo aserto que dice que "los hombres se enamoran a través de los ojos y las mujeres, a través de los oídos"…


Uno de los hallazgos básicos de Helen Fisher se relaciona con los estímulos que motivan a cada sexo. Señala que los hombres se excitan más ante estímulos sexuales visuales y ante signos de juventud, salud y fertilidad (lo que hace que no sea raro que los varones usen con más frecuencia material pornográfico visual para estimularse y que, gracias a ellos, en EE.UU. el negocio ligado a este rubro genere utilidades por 500 millones de dólares al año). Al respecto, la doctora Georgina Montemayor explica que en el cerebro del hombre hay mayor cantidad de estructuras dedicadas al sexo. Ello explicaría que el deseo sexual se manifieste en ellos, principalmente, a través de la atracción física.

Según Fisher, a las mujeres también les excitan las imágenes pero se sentirían más atraídas por los signos de afecto y compromiso, generándoles mayor excitación las palabras, los temas románticos, siendo más sensibles a las caricias corporales (se sabe que, teniendo en cuenta estos hallazgos, los productores de películas porno de EE.UU. habrían comenzado a incluir argumentos de apariencia romántica en sus elementales filmes…). Es decir, para ellas las fantasías y circunstancias que despiertan la libido surgirían básicamente del amor que creen podría gestarse con un hombre. Su objeto de deseo sería ser amadas, algo que explicaría –según los estudiosos- la mayor dificultad de las mujeres a renunciar al amor, es decir a satisfacerse con relaciones del tipo "amigo con ventaja". En algún momento primará su naturaleza… O más bien, su tipo de software cerebral.

La antropóloga norteamericana explica que el deseo sexual tiene como fin perpetuar la especie. Sin embargo, incluso el acto sexual es vivido en forma distinta por hombres y en mujeres. Cuando éste finaliza, los hombres aprietan el stop, dejan de pensar y se duermen como tronco... Por el contrario, después del coito, las mujeres, en total vigilia, empiezan a pensar en lo que sigue. Un tremendo desencuentro para perpetuar no solo la especie sino el amor entre hombre y mujeres…


Respecto del estado de enamoramiento, en esta fase funcionaría un "software" bastante similar para hombres y hombres, el que involucraría a neurotransmisores similares a los que operan en el desarrollo de las adicciones y en el logro de objetivos. Sin embargo, éste también operaría en forma distinta en hombre y mujeres. Durante el flechazo de Cupido, los hombres sentirían más intensamente este sentimiento.

La tercera fase, la del apego, la del desarrollo del vínculo después de las etapas de deseo y flechazo, sería más compleja. "Este programa se desarrolla muy a largo plazo. Tú no puedes sentir este apego, este amor verdadero, en un año; es lento y tiene sus complicaciones", explica la doctora Montemayor. Lo que explicaría también por qué cuesta armar pareja, ya que no solo implica encontrar a alguien, sino lograr amarlo…

Las chilenas cercanas a los 30 años lo tienen claro. Muchas relatan que recién llegando a los 25 años vivenciaron el enamoramiento. "Antes, mis pololos eran desechables y de ningún modo estaban entre mis prioridades al tomar decisiones sobre salir a carretear o viajar. Prefería hacerlo con amigas", dice una profesional de 27 años que cuenta que desde hace tres años vive el enamoramiento después de haber puesto en práctica una estrategia de conquista que le dio resultado. "Planifiqué que él se topara conmigo y cuando ocurrió, me las jugué para que nos emparejáramos, preguntándole de entrada si estaba en la misma parada que yo", relata. Otras dos amigas de su edad dicen que hay que actuar de esa forma "cuando uno sabe que está sintiendo algo inédito y potente, el amor, que no deja lugar a dudas que esta relación es distinta y hasta aparece la idea de tener hijos".

Pero llegar a ese momento no es fácil. Incluso los jóvenes chilenos se ayudan con herramientas cibernéticas, como Match.com, la página más grande en el mundo de citas online, y Tinder. No es disparatado como estrategia si se piensa, como señaló el diario "The New Yorker", que uno de cada seis matrimonios en Estados Unidos es fruto de una cita online.

Tinder es una de las tantas aplicaciones para smartphones y conecta a gente del sexo opuesto a través de Facebook. No hay que crear un perfil sino que basta con bajar la aplicación al celular, conectarla a la cuenta de FB y desde ahí seleccionar las fotos que uno quiere usar. Además, tiene incorporado un GPS que muestra a la gente más cercana. La app ha llegado a ser muy popular en Chile. Al día, 3,5 millones de personas se gustan mutuamente en Tinder y desde que se creó, la aplicación suma 300 millones de usuarios. Los usuarios entran a la aplicación 11 veces al día y la usan 77 minutos diarios, en promedio…

Sin embargo, mis entrevistadas cercanas a los 30 años no habían usado esta herramienta para encontrar a sus pololos. Les había ocurrido lo clásico: el "estino" (aunque hay quienes dicen que no existe el destino sino la decisión de encontrar pareja, planteándoselo como cualquier otro proyecto que uno emprende en la vida). "Yo llegué a una fiesta con una bolsa de ajos y me llamó la atención un mino que llevaba una bolsa de pickles. Éramos los únicos con aportes tan raros. Eso generó la conversación. Estamos conviviendo desde hace 4 años…", cuenta Alejandra.

Sin embargo, esa ayudita del destino no es tan frecuente cuando se ha pasado la edad en que estudiamos -y todos andamos en la búsqueda de pareja, lo que facilita los encuentros- ni tan fructífera si se piensa lo distintas que son las motivaciones de hombres y mujeres para fijarse en un potencial pretendiente. Así lo muestra un estudio de las doctoras Christine B. Whelan, de la Universidad de Pittsburgh, y Christie Boxer, de la Universidad de Iowa, a través del cual hicieron un ranking con las 18 razones para elegir esposa o marido que dieron los hombres y mujeres encuestados.

Los primeros tres lugares coincidieron. Ambos sexos dieron como razones para querer casarse tres: sentir amor, tener alguien en quien confiar y contar con un soporte emocional. También coincidieron en el sexto lugar: contraer matrimonio era una forma de insertarse en la sociedad. Sin embargo, en el cuarto lugar partieron las diferencias: las mujeres pusieron aquí el deseo de tener hijos y un hogar, algo que los hombres situaron en el noveno lugar… En el quinto puesto, las mujeres pusieron la educación e inteligencia de sus eventuales parejas; los hombres relevaron un poco más esta cualidad, poniéndola en el puesto 4, en tanto la simpatía del potencial cónyuge fue más importante para ellos: la pusieron en el lugar 5 y las mujeres, en el 7. La ambición fue más relevante para las mujeres, que le dieron el lugar 8, en tanto los hombres le dieron el 10.

Si uno se da a la tarea de rastrear las innumerables listas de aspectos que "los hombres buscan en las mujeres" y "que las mujeres buscan en los hombres" podríamos concluir que ¡es casi imposible emparejarse! Los requisitos que pone cada sexo son tan abultados como irrealizables. Y desde luego, no calzan mucho con las aptitudes propias de cada género. Hay excepciones. Por ejemplo el sentido de humor es un estímulo fundamental para ambos sexos (sin embargo, las mujeres dicen preferir el humor elegante, inteligente e irreverente a aquél de doble sentido, más propio de los machos…). También coinciden hombres y mujeres en la necesidad que el otro sea "carismático", "detallista" (o sea, que tenga buena memoria y no olvide el bonito detalle), "maduro emocionalmente" y "limpio y presentable". ¡Por suerte algo en común! Un requisito complicado que ponen las mujeres a los hombres es que "sepan escuchar" porque los exponentes del sexo masculino prefieren, sin duda, dar consejos prácticos que saquen a la mujer rápidamente del problema. En general, es su especial forma de empatizar con nosotras más que prestarnos una oreja gigante…

Por su parte, algunos de los requerimientos de los hombres para encontrar deseable a una mujer incluyen cosas como "juguetona, mimosa, organizada, cuerda, independiente, femenina, sexy 'sin ser una cualquiera', cariñosa en la intimidad". O atributos como que "tenga vida propia, mentalidad 'global', madurez emocional, hable inglés", o que "haga ejercicio, se alimente en forma saludable, no fume, le guste viajar, no dé nunca el primer paso, sea mi mano derecha, valore el amor, sorprenda siempre, no sea un amigo de parranda más...".

Ellas, como contraparte, piden que ellos sean "amables, cuidadosos, tengan mucho cerebro, sean seguros, creativos, considerados, sinceros, presentables, caballeros, colaboradores". También desean que "se hagan el tiempo para la pareja, nos hagan sentir que somos parte esencial de sus vidas, se sientan cómodos en cualquier situación, se esfuercen por complacernos, seamos su prioridad, practiquen las preliminares en el sexo, entiendan que a veces no queremos sexo, nos dejen nuestro espacio, sepan pedir perdón, nos respeten, nos sorprendan, cocinen, nos necesiten...".

En todo caso, lo que menos se pide -al menos entre las mujeres- es el macho clásico (algo que puede haber cambiado ahora que tenemos tanta teleseries turcas en pantalla…). Una encuesta realizada entre más de 2.000 mujeres de entre 21 y 54 años por el diario "Los Tiempos.com" determinó que sólo un 13% de las consultadas valoraba los "músculos" en un hombre, mientras que un 66% consideraba clave "la integridad moral". Asimismo, la mayoría consideraba más atractivo a un hombre bueno con los niños y quizás no tan guapo, que uno buenmozo. Un 84% valoró la "fidelidad" como un atributo sexy, un 75% eligió la "fiabilidad", un 67%, la "bondad" (más preponderante en mujeres mayores de 35), un 48% el "romance"; un 46% la "pasión", un 41% la "confianza en sí mismo" y un 38%, la "generosidad", algo más importante también para las mujeres mayores de 35 años. Que fuera "bueno en la cama" lo eligió un 35% de las encuestadas y solo un 15% pidió que fuera alto…

En fin. Claramente, no solo no parece fácil encontrarse. Tampoco lo es darse en el gusto. ¿Será tanta exigencia y expectativas lo que hace más difíciles las cosas? Algo ocurre que emparejarse se ha convertido para muchos en una tarea más agotadora que subir el Everest o conseguir una pega de 5 millones al mes en 48 horas… "¡Vamos simplificando los pliegos de peticiones que si no vamos a terminar despoblando el planeta!".

Por Patricia Collyer, periodista y psicóloga Universidad de Chile.

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