jueves, 30 de enero de 2014

A FALTA DE FIDELIDAD, INFIDELIDAD “RESPONSABLE”

Si usted es de aquellos que piensan que "una no es ninguna", le conviene saber que, si en un mes usted tiene relaciones sexuales con solo dos personas y, luego, cada una de ellas con otras dos (y así sucesivamente), al cabo de 15 meses, la última persona de la cadena sexual que usted inició ha tenido –en forma indirecta– 8.250 posibilidades de contagiarse de Sida...

Es cierto, se trata de un ejercicio "teórico". Pero la aparición del virus VIH, que sólo enferma al ser humano, no es teoría: ya ha llevado a la muerte a cerca de 30 millones de personas en todo el planeta y mantiene a aproximadamente otros 40 millones viviendo con el virus. Asimismo, existe una tendencia al aumento del mal en mujeres, en heterosexuales y en personas de escasos recursos. En Chile, han fallecido más de 6 mil personas debido al Sida y habría unas 40 mil infectadas. El cambio que muestra el fenómeno a nivel mundial también se da en Chile: los grupos más afectados ya no son homosexuales y prostitutas. El SIDA es un problema que puede afectar a cualquiera. 
La aparición de la enfermedad ligó, sin atenuantes, la conducta afectiva y sexual del ser humano a la muerte. Como su forma principal de contagio es la relación sexual, las relaciones amorosas no son, ni volverán a ser nunca lo mismo, o al menos, por un tiempo aún desconocido, pero ciertamente incierto. 
Antes, la fidelidad o la infidelidad eran decisiones personales y libres. Pero hoy, la infidelidad más que una conducta que pueda generar sanción moral o aplauso social, dependiendo del cristal con que se la mire, es un acto que puede tener dramáticas consecuencias. Quien opta por no tomar precauciones –aunque sea infiel una sola vez y esté seguro que no "hace mella" a su relación de pareja– está poniendo en riesgo su vida, la de su pareja y la de toda persona a la que decida incluir clandestinamente en su vida sexual. 

El miedo inicial a contraer Sida no cambió significativamente la práctica de la infidelidad. Pareciera que es difícil tomar conciencia de que la única forma de prevención absolutamente segura es la exclusividad sexual mutua y permanente. Algo que se supone existe en las parejas estables, los matrimonios por ejemplo. Pero si no se da la condición señalada, por muy “estable” que sea la unión, el peligro siempre estará presente. Por ejemplo, una “canita al aire” sin condón es una conducta de alto riesgo. Y entre los adultos infieles, hombres y mujeres, la tendencia es no tomar precauciones cuando se relacionan con personas "como ellos"… 

Decir "tengo pareja estable" conlleva la idea de fidelidad. Pero dada las cifras negras de infieles, no tiene sentido como medida preventiva y es absurdo como argumento para no tomar medida alguna porque todos sabemos que el concepto "pareja estable" no significa que no existan affaires, ocasionales o permanentes. Asimismo, el que uno de los miembros de la pareja declare que tiene "pareja estable", no asegura nada respecto del otro. Según las estadísticas, al menos la mitad de las mujeres con Sida son dueñas de casa casadas. Es decir, con pareja estable… 

Las cifras hablan de un crecimiento en la transmisión del Sida vía relaciones heterosexuales. El riesgo de un “desbande” va aparejado con una eventual y masiva llegada de la enfermedad a la población heterosexual y juvenil… 

En el caso de las mujeres, está ocurriendo. A inicios de los ‘90, la mayoría de los heterosexuales que vivía con el virus (89%) eran hombres. Actualmente, un 50% de las 34 millones de personas que viven con VIH son mujeres (y en América Latina suman el 36%). 

Aunque las cifras globales de contagio han bajado, en el mundo cada 15 segundos se contagia una persona. Y en Chile (y el mundo) ha aumentado el riesgo para las mujeres, producto de la estigmatización, la discriminación y la violencia que las afecta de manera desproporcionada. La mujer es más contagiable que el hombre, no solo por razones biológicas sino por su incapacidad de "negociación sexual" en una sociedad machista.

Es claro que el problema no es fácil y moralizar sobre él no es lo adecuado. Sin embargo, hay una conducta que no debería persistir entre los infieles: no tomar medida alguna de prevención. Tal como la “paternidad responsable”, tal vez debería instalarse el concepto (y la práctica) de la "infidelidad responsable"… ¡Cuantas mujeres podrían salvarse de ser contagiadas por sus estables maridos en sus estables matrimonios! ¡Cuantas estables parejas podrían ahorrarse el drama de desestabilizar su vida y la de sus hijos a causa de una cruel, onerosa y evitable enfermedad
!

¿SANCIÓN A LA INFIDELIDAD? SOLO CUANDO BESOS Y ABRAZOS QUITAN PEDAZO…

¿A quién busca proteger nuestra sociedad cuando, por ley, impone la fidelidad –es decir, la exclusividad del trato sexual entre los cónyuges- como norma de convivencia? ¿A las mujeres, a los hombres, a los niños? A ninguno de ellos. Pareciera que el real objetivo de la legalidad vigente es la pareja legalmente casada y los hijos de ésta. Pero no es que a la ley le preocupen los estropicios románticos o espirituales que puede tener la infidelidad en víctimas y/o victimarios. O las tragedias de crónica roja que puede generar el engaño conyugal. El asunto es mucho más concreto y pedestre: lo que interesa es el riesgo de introducir nuevos hijos al matrimonio producto de una aventura extraconyugal. Es decir, las bocas que alimentar. Y más brutal aún: la repartición de los bienes a heredar… 

Aunque desde el año 1994 el adulterio no es delito en Chile, es decir no está sancionado por el Código Penal, sí constituye causal de divorcio. A fines de ese año, el Parlamento modificó la ley que señalaba que la conducta constituía un delito criminal y merecía pena de cárcel para la mujer casada que “yaciera”, es decir tuviera sexo, con otro hombre (no así para el hombre adúltero). En la nueva Ley de Matrimonio Civil, que data de abril de 2004 y que reemplazó a aquella de 1884, se puede demandar el divorcio por parte de los cónyuges si hay “una violación grave de los deberes y obligaciones que les impone el matrimonio”. Y una de ellas es el adulterio, que infringe el “deber de fidelidad mutua”. Se entiende que los cónyuges cometen adulterio cuando tienen una relación sexual extramatrimonial, aunque haya sido única, ocasional e irrepetible ya que, por sí sola, viola el deber de fidelidad.




Al respecto, en Argentina, el proyecto de ley que busca modificar el Código Civil plantea cambios revolucionarios. Por ejemplo, el que la fidelidad deje de ser un deber conyugal y que el adulterio no sea más causal de divorcio. Los cónyuges ya no se deberían “fidelidad", sino "asistencia y alimentos" e, incluso, no estarían obligados a vivir bajo un mismo techo… 

La infidelidad conyugal como tal -es decir, el que uno de los cónyuges se involucre afectiva o sexualmente con un tercero-, no tiene castigo legal en Chile. La ley sigue castigando sólo la relación sexual que amenaza a la familia legalmente constituida pero nada dice de las múltiples otras formas que adquiere la infidelidad y, menos, señala sanciones para éstas. Según el abogado penalista Jaime Silva Romero, "esto significa que esa legislación parece constituir una mera justificación a la moral del doble standard”. Precisa que, en la nueva ley de Matrimonio Civil, la sanción al adulterio probablemente se mantuvo por sus efectos patrimoniales “ya que las consecuencias del adulterio siempre van a tener este carácter; por ejemplo, disolver la sociedad conyugal".

En opinión del abogado, "si a la sociedad le interesara la infidelidad como valor, los legisladores tendrían que haber sancionado todas las conductas que contravengan el deber de 'guardarse fe' que exige el matrimonio. Y no lo hicieron”. 

Para el islam, el cristianismo, y el judaísmo, el adulterio constituye una violación grave a la Ley de Dios. Las distintas legislaciones –sean regidas por el Código Penal o Civil- también apuntan al adulterio, es decir a yacer con otro u otra estando casado o casada, no a la infidelidad. De este modo, pareciera que nuestra sociedad no busca cautelar el amor dentro de la familia sino el derecho exclusivo a procrear dentro de una unión legalizada entre un hombre y una mujer. 


El abogado Alfredo Etcheverry parecía avalar ya en el año 1986 la citada presunción respecto del objetivo de fondo de la entonces Ley de Adulterio. En un fallo confirmado en octubre de ese año, publicado en la Gaceta Jurídica, señalaba: "Nuestra ley considera el adulterio como un delito que ofende el derecho exclusivo del otro cónyuge a la realización de los actos aptos para la procreación. La realización de otros actos, aún de significación libidinosa, podrá ofender el honor del marido, las buenas costumbres, etc., pero no el derecho en cuestión...". 

No solo la legislación civil chilena omite la sanción a la infidelidad. Nuestras normas morales y religiosas tampoco hacen mención alguna a esta. Algo que no es casual si se piensa que en el origen de las leyes está la influencia y el poder de la Iglesia. 

Es lo que explicaría también la desproporcionada sanción que existió siempre para la mujer adúltera (y que sigue vigente en el mundo islámico). Ella podía engendrar hijos de otros en sus aventuras. El hombre adúltero, sin test de ADN de por medio que lo descubriera, podía ir engendrando hijos en mujeres casadas pero esas infidelidades podían nunca conocerse y los eventuales hijos ajenos ser pasados por la libreta, de ella… 

En la ley romana antigua, la relación sexual de un hombre casado con una mujer soltera no se consideraba adulterio, sino fornicación. Se habla de adulterio cuando hay relación carnal entre una persona casada y otra no casada, o entre una persona casada y el cónyuge de otra persona. 

Es este tipo de engaño es el que preocupa a la ley y a la iglesia. No las millones de historias extraconyugales que se viven a diario, tras bambalinas, en oficinas, bares, moteles. “Besos y abrazos no quitan pedazo”, justifica incluso la cultura popular… No son esas historias de amor, pasión o calentura de cientos de miles de casados y casadas que son llevados al río, las que la sociedad necesita normar. Tampoco los modernos “touch and go” de jóvenes solteros con compromiso. Esos engaños no le importan a la sociedad. Sí pueden ser la presa más codiciada de la prensa de farándula, pero sanción legal para esas historias de infidelidad claramente no existe. 

Podríamos pensar, entonces, que no se defienden valores espirituales sino valores bursátiles… No es la supuesta honestidad, rectitud, transparencia lo que importa. Ese es el discurso bonito. Lo que la ley defiende con dientes y muelas es el patrimonio del matrimonio. Y mientras éste no sea puesto en juego, el juego de la infidelidad y el adulterio pueden seguir. Hasta que la ley no lo alcance y le haga una zancadilla… 

martes, 28 de enero de 2014

EMPAREJARSE EN CHILE, ¿CONEXIONES ANTES QUE RELACIONES?

Esta pregunta me ronda por la cabeza hace mucho. Porque nuestro país, donde hay 7,5 millones de solteros, no es de códigos fáciles. Quizás, actualmente, con el boom de la Internet y las redes creadas para emparejar gente (y ganar mucho dinero), las cosas se han simplificado, especialmente para las más jóvenes. 

Hoy hay un millón de personas buscando pareja por Internet. La página de citas online Match.com, que llegó a Chile el 2005, tiene ya 500 mil usuarios. Su éxito fue tal que, a la fecha, se han sumado una docena de sitios del mismo tipo. En Chile, a diferencia del resto de los países de la región, el 43% de los inscritos van de los 18 a los 25 años, y la mayoría son hombres (en el resto de países el rango es de 26 a 35 años). Asimismo, los clientes de estas redes no forman parte del grupo de solteros desesperados por encontrar pareja antes que se les vaya el tren. Su intención es sólo aumentar las probabilidades, realizando la búsqueda en el mundo real y en el virtual. Aunque hay críticos que señalan que hoy los jóvenes prefieren establecer “conexiones antes que relaciones” porque éstas son más baratas, más fáciles de enfrentar porque no se ven caras ni corazones y porque las pueden sacar de sus vidas con sólo apretar la tecla delete. 

Esa es la situación de los jóvenes. Privilegiada. Inmersos desde chicos en la cultura de la tecnología, la utilizan para optimizar su búsqueda de pareja. O para establecer sus propios códigos de lo quieren como pareja. 

Sin embargo, está el otro mundo, el de los adultos, el de separados, divorciados o viudos, que también quieren una media naranja. Y es en ese universo donde uno siempre escucha que en la fiesta, el pub, el restaurante, la tanguería o la salsoteca “había un montón de mujeres solas”. Es decir, sin pareja. Porque solas no estaban. Estaban con sus amigas. Pero la frase hecha es “mujeres solas”. Distinto de lo que se dice de los hombres cuando no andan acompañados de mujeres sino de amigos. Nadie se refiere a ellos como “hombres solos”… 

Bueno, esa constatación casi cotidiana -que a las mujeres les cuesta más encontrar pareja en casi todas las latitudes - es la que me ha llevado a esta pregunta también casi cotidiana. ¿Cómo se emparejan las chilenas? 

No es fácil, porque en nuestro país se estila pedir certificados de antecedentes, curriculums vitae y cartas de recomendación para conocer a alguien. Es decir, se pide que ese alguien tenga “aval”. “Es amigo de mi primo”, “era de mi barrio”, “estudiamos en el mismo colegio” son algunas de las respuestas que se dan a la pregunta “¿Quién es?”. Es similar a la que hacemos para abordar al desconocido. Generalmente le preguntamos “¿que haces?”. Y éste, en lugar de responder “vivo, respiro”, nos entrega un pequeño curriculum y nos da cuenta de sus avales.


Más adelante, si se llega a generar algún “feeling”, viene la etapa del juego táctico. El hombre pide el teléfono. Pero no llama. Al menos ni al día siguiente ni al subsiguiente. ¡Ni en una semana! Al cabo de ocho días, puedes recibir el llamado. Uno que era tan obvio que se diera al día siguiente de conocerse si ambos se gustaron. Entonces él trata de no mostrar en demasía sus sentimientos. Y ella tampoco. “Bueno, veámonos un día de estos…” dice él. Y ella responde, “ya, llámame”. Puede ocurrir que ella le pida el teléfono pero tampoco lo llama. Y cuando él la llame nuevamente, ella hará decir a su hermana que diga que no está, para que él no vaya a creer que está siempre disponible… 

El juego “táctico” puede seguir alargándose hasta el infinito porque los dos se han puesto a la defensiva. ¿Cómo puede, de esta forma, resultar el emparejarse? Es realmente, muy difícil… Es lo que siempre me pregunto cuando veo a un grupo de mujeres jóvenes y bonitas, sentadas en un salón de baile. Viene un joven a sacarlas a bailar y ellas rechazan la invitación. Invariablemente. Luego el hombre comenta que no las volverá a sacar a bailar. Y ellas estarán toda la noche “solas” y sin bailar… ¿Por qué actúan así? 

Para qué decir de dejarse sorprender y conquistar por un desconocido en la calle, en la micro, en la multitienda? No, eso sí que no. Ese desconocido puede ser un psicópata. O un muerto de hambre. Tal como puede serlo aquel que se conoce en la casa de la amiga o la prima. Pero él tiene aval. O aquél que se conoce en Internet. Ese tiene cuento (de cuentero). 

Las mujeres y hombres del Caribe parecen tener códigos más fáciles. Más claros. Como me señaló una cubana, “si se gustan, lo demuestran, sea en la micro, en la cola del pan, o en la calle”. Es decir, el si él toma la iniciativa, ella se deja conquistar. Y pueden llegar a bajarse de la micro emparejados. Porque no hay miedos. Hay ganas de disfrutar la vida. De gozar el amor. De vivir sin doble standard. 

En Chile todo es más complicado. Más neurótico. Más del estilo “como si”. Como si no me gusta (pero me gusta a rabiar); como si los hombres me tienen aburrida por fomes (¡pero que daría por un romance!); como si las “minas” me quitan la libertad (pero muero por una pareja que me quiera); como si lo paso mejor con mis amigos (pero estoy añorando un abrazo de amor). 

En este difícil escenario hay otra variable que complica también las cosas: la edad. El hombre de, por ejemplo, 50 años, tiene un rango de elección que va desde mujeres de 25 a mujeres de 50, tendiendo a elegir entre las primeras... Es decir, un amplio ancho de banda. La mujer de 50 tiene un rango que va de 60 a 90… Al hombre cincuentón que se empareja con la jovencita de 25 le levantan un altar. Si la mujer de 50 llega a pensar en uno de 30, la cuelgan en la plaza pública (las excepciones confirman la regla). En todo caso, para los hombres treintones también hay drama: las mujeres del segmento de mercado que les corresponde están probablemente buscando cincuentones… 

Desde luego, influye también en la mayor dificultad que tienen las mujeres para emparejarse (o reemparejarse) el que ellas se quedan con los hijos después de un divorcio. Eso limita desde el tiempo disponible para salir hasta la distinta reacción que tiene potencial pretendiente al enterarse que la mujer viene en un pack con niñitos… 

Difícil emparejarse en Chile para las mujeres. Y no es que haya más mujeres que hombres. No es como algunos hombres fabulan con total ignorancia que hay ¡7 mujeres por hombre! La expectativa de vida de hombres y mujeres se ha ido emparejando significativamente y mientras en Chile, las mujeres tienen probabilidad de llegar a los 83, los hombres la tienen de vivir hasta los 77 años. Y a esas alturas, si la mujer sigue sin pareja, probablemente ya haya perdido la energía o las ganas de buscarla y esté feliz de “andar sola” con amigas… 

lunes, 27 de enero de 2014

INFIDELIDAD S.A., UNA EMPRESA MUY LUCRATIVA QUE CRECE

La práctica de la infidelidad puede generar muy buenos negocios. Las necesidades de los infieles permiten montar las más variadas empresas y comercializar una inmensa cantidad de productos y servicios. Si no lo cree, pregúntele a los dueños de Ashley Madison, un portal para infieles: partió en 2002 y hoy cuenta con 23 millones de usuarios en todo el planeta. A Chile llegó el 2012 y en una semana se inscribieron más de 200 mil personas. La empresa ha sido un fenómeno global: está presente en 29 países y el año pasado, su facturación superó los 90 millones de dólares. Es claro que “había una laguna que este modelo de negocio llenó”, como dice la portavoz de Second Love, otro de estos populares sitios. 

En Chile tenemos un antecedente en la crisis los ‘80, cuando Santiago se llenó de moteles, casas de masajes, “café con piernas” y otras variantes de negocios donde acudían –día a día y noche a noche– miles de hombres y mujeres casados a echar una "canita al aire". También se multiplicaron las empresas de investigadores privados, las adivinas, los teléfonos y chats “eróticos", entre otros. 

Dentro de los negocios que se nutren del amor clandestino, hay uno clásico y que convive con todo el modernismo: la prostitución. Obviamente, ha habido profundas transformaciones en la oferta y la demanda. Por ejemplo, la integración de extranjeras. O de estudiantes universitarias que –a cambio de sexo- reciben el dinero que requieren para pagar los costosos aranceles de la educación con fines de lucro. Lo hacen, por ejemplo, respondiendo a avisos como el siguiente (real): "Profesional, buen nivel social y económico, ofrece ayuda económica a cambio de sexo. Las prefiero de cuerpo normal o delgadas. Abstenerse trabajadoras sexuales. Valor de la ayuda a conversar. Interesadas, por favor, contactarse". 

La demanda crece y crece. Por ejemplo, se sumó un nuevo segmento: los no "farreros", que se recogen temprano e, incluso, pasan a buscar a la señora al trabajo. Miles de hombres que son infieles de día porque hay ofertas para serlo. Y surgen negocios tras nergocios, como el de los británicos Edward y Lucinda Hale, que inventaron una liga con microchip para detectar la infidelidad en mujeres: el dispositivo controla el ritmo cardíaco de la arteria femoral y el grado de humedad de la infiel. En caso que la adrenalina y la temperatura suban por estar con quien no debe, automáticamente le llega al engañado un mensaje de texto… Aunque la infidelidad es tan vieja como el hilo negro, es Internet la que la ha convertido en un negocio increíblemente lucrativo. Si la idea es tener una aventura de forma rápida y sin dejar rastro, la web ha sido el mejor aliado. 

A través de estas empresas se puede conocer a alguien sólo “para tener sexo sin compromiso, coquetear sin ataduras, o tener un romance fugaz de un par de semanas”, como lo “marketean” sus dueños. El negocio crece y crece y se vuelve más sofisticado. Ashley Madison, Second Love, Romance Secreto, Gleeden o Victoria Milan son algunos de los sitios que ponen en contacto, a un golpe de clic y con la máxima confidencialidad, a quienes quieren ser infieles. 

A Ashley Madison le va bien hasta en los países con graves crisis económicas, como España. Como dice uno de sus ejecutivos en ese país, Christoph Kreumer, “con los problemas económicos surgen más problemas en las parejas, pero la gente no se separa”, de modo que ahí es donde entra en juego Ashley Madison… Un país donde la empresa fue recibida con los brazos abiertos fue Japón. “No hubo crítica porque no existe un concepto peyorativo de la infidelidad, el único problema es que te descubran”, agrega Kreumer. Fue el primer país donde las mujeres inscritas doblaron a los hombres…La empresa cree que en la buena o mala acogida influye la cultura. “En los países en los que predomina el budismo, la ausencia del concepto de culpa judeocristiano hace que la cultura sea más abierta y comprensiva con marcas como Ashley Madison”, señalan. 

Según diversos estudios, el perfil del usuario tipo de estas redes es el de hombres y mujeres heterosexuales de 31 a 40 años, casados o que conviven con sus parejas por al menos un año, de clase media alta, con estudios superiores y, en muchos casos, con hijos. Las mujeres son más proclives que los hombres a buscar relaciones sexuales a través de estas redes: hay estudios que señalan que una de cada tres mujeres le fue infiel a su pareja por Internet. Ocurre que el servicio es gratis para ellas. Son los hombres los que pagan. “Para los hombres siempre han existido lugares en los que tener una infidelidad. Ashley Madison está diseñado para que las mujeres se sientan cómodas y seguras”, justifica Kreumer. 

Otro lucrativo negocio fue creado en 1999 por un grupo de argentinos. Se trata de “Zcuza”, una empresa de coartadas y encubrimiento “con el más alto nivel y profesionalismo”, según su publicidad. Al nacer, la empresa se describió como “la primera agencia latina de coartadas personales", con 18 actores y creativos, como ellos se definían. El 2000 ya estaban cubriendo todo Argentina y países limítrofes. 

Lo más probable es que el vertiginoso aumento de negocios ligados a la infidelidad haya sido uno de los efectos del modelo económico implantado en Chile en la década de los ‘80, que busca ofrecer al mercado todo lo que se presume tendrá demanda. Y como la demanda es cada día mayor, la plata es muy “dulce" porque es muy fácil sacarle una enorme plusvalía al gorreo… 

El viejo dicho dice que “la ocasión hace al ladrón…”. ¿Será que el frío e impersonal mundo del dinero descubrió que en cada mujer y hombre hay un potencial ladrón, perdón
, potencial infiel, y decidió brindar “la ocasión” en las más variadas e imaginativas formas? 

AMIGOS CON VENTAJA... ¿VENTAJA PARA QUIÉN?

Es cierto, adelantos científicos como la píldora anticonceptiva y, más recientemente, el Viagra revolucionaron la vida sexual de hombres y mujeres. A la relación afectiva le entró un soplo de libertad y autodeterminación. Ya la biología humana no podía impedir el sexo solo por placer ni la prolongación exitosa de esta conducta hasta una edad inimaginable en los años 60.


Producto de ese vuelco es probable que haya cobrado tanta fuerza en la última década una nueva forma de vínculo amoroso: los “amigos con ventaja”. Es decir, una relación sin etiqueta ni signos visibles de romance para el resto, sin compromiso formal, sin proyección conocida o explicitada y con variados antipactos (o sea, opuestos a los que se establecen en una relación clásica: no habrá fidelidad, no habrá celos, no habrá exclusividad, no habrá enamoramiento, etc.). Una relación, en definitiva, que se define por la libertad y donde lo único que está garantizado es el sexo.

Parece interesante. Es como el dicho “a falta de pan, buenas son las tortas” Parece idílico, incluso. Mientras no encuentro novio (o novia), tengo este sucedáneo de relación donde, sin embargo, obtengo una de las cosas más sabrosas y atractivas de una relación, el sexo a la mano en forma periódica. Es más, parece el sueño del pibe: cuento con la agradable y añorada delicatessen de toda relación afectiva, es decir un buen sexo, y me ahorro todo lo desagradable: el compromiso, el marcar tarjeta, el tener que compartir mi tiempo libre en cosas que no me gustan, el no poder mirar para el lado, etc., etc.  

Cabe preguntarse, no obstante, si todo es tan paradisíaco. Y las dudas surgen cuando uno escucha los testimonios de los “amigos con ventaja” (o con derechos, o con cover, como quiera llamárseles). Porque nunca el asunto es tan simétrico respecto del placer y la satisfacción emocional que supuestamente otorga este tipo de relación. Hay una tendencia notoria a que la balanza se incline y uno de los involucrados empiece a sufrir la relación, ya no a solo gozar el sexo compartido. Las reglas que se estipulan para este tipo de vínculo empiezan a ser vividos como letra muerta por una de las partes. Generalmente, la parte femenina. Lo que no es casual.

Ocurre porque, a pesar de no ser monógamos por especie, los seres humanos buscamos aparearnos no solo para prolongar nuestra especie. Buscamos amar (aunque ello sea en el inicio sólo un cóctel químico y hormonal), buscamos proyectarnos, buscamos ese compañero de ruta con el cual esperar y enfrentar de mejor forma la soledad existencial y el ineludible fin de la vida. Si no fuera de este forma, el sueño del cuento de hadas se habría extinguido. Es cierto que ya todos sabemos que el “se casaron y fueron muy felices” es solo el comienzo de un camino mucho más complejo, duro y desafiante. Pero uno al que la inmensa mayoría le gusta recorrer. Más que aquel del “amigos con ventaja”. No hay luchas por un “acuerdo de amigos con ventaja”. Sí hay luchas apasionadas por lograr uniones homosexuales legales o por “acuerdos de vida en pareja”…

A estas alturas de la columna, imagino que tengo una cantidad enorme de disidentes y otra enorme cantidad que me encuentra conservadora… Sin embargo, mi punto no es el liberalismo o el conservadurismo. Mi punto es que estoy convencida que las relaciones de “amigos con ventajas” se convierten en algún momento, en un tipo de vínculo que ya no es tan claro ni tan gratificante como el agua. Porque en el ser humano, el sexo abre muchas puertas insondables. Por ello decíamos que el desasosiego empieza generalmente en la mujer. Porque, culturalmente, hemos sido criadas mucho menos disociadas. A diferencia de lo que ocurre con los hombres, a quienes se les permite (e incentiva) la disociación (por ejemplo, amor y sexo por carriles separados), razón por la cual el modelo “con ventaja” les calza mucho.

Pero no hay ser humano que no sienta, en algún punto de una relación, que se quiere “aguachar”. O que ya se está aguachando. Y el compartir sexo es una vía rápida para que ello ocurra. Porque en ese ámbito es donde se juegan muchas cosas, pero esencialmente se juega la confianza, la honestidad, la transparencia, la complicidad, la entrega incondicional (porque el buen sexo, inevitablemente, la requiere). El  momento de la relación sexual no es uno trivial en el  caso de los seres humanos. Aunque se quiera vivir el sexo como “casual”, “al paso” o, como se diría en lenguaje más moderno, de tipo “touch and go”, ello, a la larga, no es posible.

A partir del más instrascendente sexo, el ser humano llega generalmente, a tipos de relación que probablemente no hubiera imaginado. Esa puerta de entrada a caminos insospechados que constituye el vínculo sexual es bastante desconocida. Pero es lo que hace que a los “amigos con ventaja” les cueste –poco o mucho, pero les cueste- mantener la relación sin conflictos, es decir en el mismo tono del inicio. El sexo construye una realidad, más allá de nuestra voluntad y las decisiones racionales respecto del vínculo que mantenemos en el  modelo con “ventaja”. El sexo es una conducta tan compleja, y fascinante a la vez, que no deberíamos pretender encasillarla en un único repertorio: “Es mi amigo (a) y solo me gusta tener sexo con él (ella)”. Lo más probable es que la relación pugne por pasar a las ligas mayores, porque  se ha inundado de amor, o pierda fuerza, y tienda a la extinción porque el sexo ya no basta...   

Dicen en algunos países más calientes que “el roce hace el cariño”. Y en este caso, la frase es metafórica y es literal. El juego surge en el juego. Muchos romances surgen en el ámbito donde uno se relaciona, donde uno se roza cotidianamente con otros, ya sea para formarse, para ganarse la vida, para dar las peleas, para pelear las causas o realizarse. Allí, de “topeteos” inocentes se llega a las grandes pasiones, en las que enlazamos nuestras vidas y nuestro futuro. ¿Y dígame si no es mucho más común ver ese proceso que el inicio de encuentros de “amigos con ventaja” que hagan historia?