martes, 28 de enero de 2014

EMPAREJARSE EN CHILE, ¿CONEXIONES ANTES QUE RELACIONES?

Esta pregunta me ronda por la cabeza hace mucho. Porque nuestro país, donde hay 7,5 millones de solteros, no es de códigos fáciles. Quizás, actualmente, con el boom de la Internet y las redes creadas para emparejar gente (y ganar mucho dinero), las cosas se han simplificado, especialmente para las más jóvenes. 

Hoy hay un millón de personas buscando pareja por Internet. La página de citas online Match.com, que llegó a Chile el 2005, tiene ya 500 mil usuarios. Su éxito fue tal que, a la fecha, se han sumado una docena de sitios del mismo tipo. En Chile, a diferencia del resto de los países de la región, el 43% de los inscritos van de los 18 a los 25 años, y la mayoría son hombres (en el resto de países el rango es de 26 a 35 años). Asimismo, los clientes de estas redes no forman parte del grupo de solteros desesperados por encontrar pareja antes que se les vaya el tren. Su intención es sólo aumentar las probabilidades, realizando la búsqueda en el mundo real y en el virtual. Aunque hay críticos que señalan que hoy los jóvenes prefieren establecer “conexiones antes que relaciones” porque éstas son más baratas, más fáciles de enfrentar porque no se ven caras ni corazones y porque las pueden sacar de sus vidas con sólo apretar la tecla delete. 

Esa es la situación de los jóvenes. Privilegiada. Inmersos desde chicos en la cultura de la tecnología, la utilizan para optimizar su búsqueda de pareja. O para establecer sus propios códigos de lo quieren como pareja. 

Sin embargo, está el otro mundo, el de los adultos, el de separados, divorciados o viudos, que también quieren una media naranja. Y es en ese universo donde uno siempre escucha que en la fiesta, el pub, el restaurante, la tanguería o la salsoteca “había un montón de mujeres solas”. Es decir, sin pareja. Porque solas no estaban. Estaban con sus amigas. Pero la frase hecha es “mujeres solas”. Distinto de lo que se dice de los hombres cuando no andan acompañados de mujeres sino de amigos. Nadie se refiere a ellos como “hombres solos”… 

Bueno, esa constatación casi cotidiana -que a las mujeres les cuesta más encontrar pareja en casi todas las latitudes - es la que me ha llevado a esta pregunta también casi cotidiana. ¿Cómo se emparejan las chilenas? 

No es fácil, porque en nuestro país se estila pedir certificados de antecedentes, curriculums vitae y cartas de recomendación para conocer a alguien. Es decir, se pide que ese alguien tenga “aval”. “Es amigo de mi primo”, “era de mi barrio”, “estudiamos en el mismo colegio” son algunas de las respuestas que se dan a la pregunta “¿Quién es?”. Es similar a la que hacemos para abordar al desconocido. Generalmente le preguntamos “¿que haces?”. Y éste, en lugar de responder “vivo, respiro”, nos entrega un pequeño curriculum y nos da cuenta de sus avales.


Más adelante, si se llega a generar algún “feeling”, viene la etapa del juego táctico. El hombre pide el teléfono. Pero no llama. Al menos ni al día siguiente ni al subsiguiente. ¡Ni en una semana! Al cabo de ocho días, puedes recibir el llamado. Uno que era tan obvio que se diera al día siguiente de conocerse si ambos se gustaron. Entonces él trata de no mostrar en demasía sus sentimientos. Y ella tampoco. “Bueno, veámonos un día de estos…” dice él. Y ella responde, “ya, llámame”. Puede ocurrir que ella le pida el teléfono pero tampoco lo llama. Y cuando él la llame nuevamente, ella hará decir a su hermana que diga que no está, para que él no vaya a creer que está siempre disponible… 

El juego “táctico” puede seguir alargándose hasta el infinito porque los dos se han puesto a la defensiva. ¿Cómo puede, de esta forma, resultar el emparejarse? Es realmente, muy difícil… Es lo que siempre me pregunto cuando veo a un grupo de mujeres jóvenes y bonitas, sentadas en un salón de baile. Viene un joven a sacarlas a bailar y ellas rechazan la invitación. Invariablemente. Luego el hombre comenta que no las volverá a sacar a bailar. Y ellas estarán toda la noche “solas” y sin bailar… ¿Por qué actúan así? 

Para qué decir de dejarse sorprender y conquistar por un desconocido en la calle, en la micro, en la multitienda? No, eso sí que no. Ese desconocido puede ser un psicópata. O un muerto de hambre. Tal como puede serlo aquel que se conoce en la casa de la amiga o la prima. Pero él tiene aval. O aquél que se conoce en Internet. Ese tiene cuento (de cuentero). 

Las mujeres y hombres del Caribe parecen tener códigos más fáciles. Más claros. Como me señaló una cubana, “si se gustan, lo demuestran, sea en la micro, en la cola del pan, o en la calle”. Es decir, el si él toma la iniciativa, ella se deja conquistar. Y pueden llegar a bajarse de la micro emparejados. Porque no hay miedos. Hay ganas de disfrutar la vida. De gozar el amor. De vivir sin doble standard. 

En Chile todo es más complicado. Más neurótico. Más del estilo “como si”. Como si no me gusta (pero me gusta a rabiar); como si los hombres me tienen aburrida por fomes (¡pero que daría por un romance!); como si las “minas” me quitan la libertad (pero muero por una pareja que me quiera); como si lo paso mejor con mis amigos (pero estoy añorando un abrazo de amor). 

En este difícil escenario hay otra variable que complica también las cosas: la edad. El hombre de, por ejemplo, 50 años, tiene un rango de elección que va desde mujeres de 25 a mujeres de 50, tendiendo a elegir entre las primeras... Es decir, un amplio ancho de banda. La mujer de 50 tiene un rango que va de 60 a 90… Al hombre cincuentón que se empareja con la jovencita de 25 le levantan un altar. Si la mujer de 50 llega a pensar en uno de 30, la cuelgan en la plaza pública (las excepciones confirman la regla). En todo caso, para los hombres treintones también hay drama: las mujeres del segmento de mercado que les corresponde están probablemente buscando cincuentones… 

Desde luego, influye también en la mayor dificultad que tienen las mujeres para emparejarse (o reemparejarse) el que ellas se quedan con los hijos después de un divorcio. Eso limita desde el tiempo disponible para salir hasta la distinta reacción que tiene potencial pretendiente al enterarse que la mujer viene en un pack con niñitos… 

Difícil emparejarse en Chile para las mujeres. Y no es que haya más mujeres que hombres. No es como algunos hombres fabulan con total ignorancia que hay ¡7 mujeres por hombre! La expectativa de vida de hombres y mujeres se ha ido emparejando significativamente y mientras en Chile, las mujeres tienen probabilidad de llegar a los 83, los hombres la tienen de vivir hasta los 77 años. Y a esas alturas, si la mujer sigue sin pareja, probablemente ya haya perdido la energía o las ganas de buscarla y esté feliz de “andar sola” con amigas… 

No hay comentarios:

Publicar un comentario