Que el tema de la infidelidad es una "papa caliente" que todos
evitan agarrar es un hecho de la causa. Pareciera que la masividad (solapada)
de la conducta lleva a transformarla en tabú a la hora de las verdades. Si no,
baste echar una mirada a las definiciones que la mayoría de los diccionarios
escolares utilizados en nuestro país nos entregan sobre el concepto:
ARISTOS–DICCIONARIO ILUSTRADO DE LA LENGUA ESPAÑOLA : Falta de fidelidad: deslealtad. || Carencia de la fe católica.
ESCOLAR SOPENA: Falta de Fidelidad.
MINILAROUSSE ILUSTRADO: Falta de fidelidad: infidelidad conyugal || Deslealtad: Infidelidad a
la patria. || Carencia de fe católica.
DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA : 1. Falta de fidelidad, deslealtad. 2. Carencia de la fe católica. 3.
Conjunto de los infieles que no conocen o no aceptan la fe católica
DICCIONARIO GENERAL DE LA LENGUA ESPAÑOLA : Falta de fidelidad, especialmente en el matrimonio. 2. Falta de
exactitud, de verdad: la infidelidad de un historiador.
DICCIONARIO GENERAL DE LA LENGUA ESPAÑOLA
VOX: 1. f .
Falta de fidelidad. 2. p. us. Falta de exactitud. 3. p. us. Carencia de la fe
católica. 4. Conjunto de los infieles que no conocen la fe católica
Resulta curioso que en estos diccionarios –masivamente usados en la
formación de nuestros niños y jóvenes– casi no se aluda a la relación conyugal
o amorosa al definir la
INFIDELIDAD. Más curioso resulta si se piensa que más que en
relación a la Patria
o la religión, es en el ámbito afectivo donde más se utiliza la expresión.
Cuando se habla de infidelidad, la palabra se utiliza casi exclusivamente para
referirse a un desliz en el plano amoroso.
¿A qué se deberá esta amnesia de los editores? ¿Tal vez al deseo de
evitar que sus lectores aprendan, con precisión y claridad, en qué consiste esa
realidad que tantas veces han visto o escuchado nombrar de maneras no muy
académicas?
Si el diccionario no entrega la acepción más difundida y conocida, ¿qué
será, entonces, lo correcto? ¿Utilizar términos tan inequívocos como:
"gorrear", "poner cuernos", "echar una canita al
aire", "tener encargo de provincia", "andar chueco",
"tener amante" (como si la pareja estable no pudiera ser amante),
"tener un peuco", "poseer sucursal", "andar a la mala",
tener un "patas negras", "almorzar pollito al velador"?
Aun cuando muchos de los entrevistados de este libro usaron alguno de
los sinónimos nombrados (los que, sin embargo, no fue posible encontrar en
ningún buen diccionario de uso común), se hizo la opción de utilizar el término
infidelidad, que es de uso generalizado en Chile cuando de hablar bien (y ser
infiel) se trata.
Es casi de perogrullo decir que la infidelidad amorosa es tal vez el más
actual y vigente de los temas de siempre. Como tópico de reflexión, es de una
vastedad y riqueza que pocos tienen. Despierta, con o sin tapujos, la
morbosidad; cruza fronteras geográficas, políticas, ideológicas, sociales o
religiosas; no respeta casi nada ni a nadie, lo cual hace que hablar de ella no
ofenda a nadie u ofenda a todos un poco. Ello resulta bastante justo y poco
discriminativo.
Es curioso que la infidelidad, siendo tal vez uno de los temas más
serios y que más agreden al núcleo de la sociedad contemporánea –la familia– sea, al mismo tiempo, el tema sobre el cual se ha hecho más
humor en todos los idiomas. Es uno de los temas tabú sobre el que más se habla
y es siempre el ítem más sabroso de una típica sesión de pelambre.
Como tema, se aborda en forma frecuente y seria por la Iglesia o por psicólogos y
psiquiatras. Con más frecuencia aún, lo abordan en forma jocosa y morbosa los
medios de comunicación. Pero nunca se ha abordado desde un punto de vista
multidimensional, acorde con nuestra cultura y, además, entretenido.
Parece ser que no se ha escrito hasta ahora lo más elemental: un libro
que diga lo que todo el mundo sabe, pero que solo dice en voz baja o en
situaciones muy particulares.
La finalidad del presente libro es hurgar en una práctica masiva, que
cualquiera que se empeñe en ello y conozca las formas de clandestinaje que
adopta, puede detectar.
Con estas páginas, usted tal vez disfrutará el dinero que gastó en el
libro, o bien lo lamentará, pero la intención es que, en ningún caso, permanezca
indiferente.
Por último, hay que señalar que, de un modo u otro, el tema ha estado
siempre presente. Desde Pedro de Valdivia, que no solo fundó Santiago, sino
también –junto a doña Inés de Suárez– la institución "postura de
gorro". (¿Conoce usted a algún escolar que sepa que Marina Ortiz de Gaete,
y no doña Inés, era la esposa de don Pedro?). Tan clara parece estar la fuerza
de la institución legada por Pedro de Valdivia que hoy, en nuestra capital, uno
de los moteles que probablemente no falta en el kárdex de cualquier infiel es
el “Valdivia".
Adelante, conversemos sobre lo que usted ya sabe para que descubra –tal como lo hizo la autora– un mundo que no conoce.
No se ponga serio, póngase cómodo... que así se lee mejor.

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