sábado, 17 de mayo de 2014

EL ESQUIVO AMOR DEL CHILENO

Es una queja general. Con los chilenos no es fácil emparejarse ni es fácil el vínculo, una vez “agarrada la presa”… Lo escuchamos de los más variopintos grupos de coterráneas. Y ahora, con la creciente inmigración de latinoamericanos a nuestro país, también de las extranjeras.

¿Qué pasa con los chilenos y el amor? ¿A que le temen? ¿A qué le arrancan? ¿Por qué tan mala fama en las historias de amor que se comparten (o se tratan de compartir…) con ellos?

Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) dado a conocer a mediados del año 2013 mostró que en Chile la soltería alcanza el 39%, lo que transforma a nuestro país en uno con los más altos índices en esta categoría en la región. Es decir, no se trataría sólo de un problema de los hombres, un tema de género, el miedo al compromiso. El reinado del individualismo y la filosofía del “más vale solo que mal acompañado” cruzaría ambos sexos.

Las redes sociales aportan significativamente a lo anterior, al promover contactos superficiales donde la cantidad de “amigos” o “seguidores” importa más que la calidad del vínculo. O las políticas públicas que, por ejemplo en vivienda, ofrecen modernas alternativas habitacionales para hombres y mujeres solos.

Hay cifras que avalan esta tendencia. Por ejemplo, según el INE, ha subido significativamente la edad para la maternidad, optando las mujeres por ser madres a los 35 años o más, en tanto el porcentaje de mujeres que optan por tener hijos entre 20 y 30 años ha bajado un 34%. La Corporación Opción, una entidad privada sin fines de lucro que se fundó en 1990 para proteger y defender los derechos de la infancia y adolescencia, hizo una encuesta en 400 jovencitas de entre 14 y 18 años la que mostró que el 71% de las encuestadas se proyectaba teniendo hijos entre los 31 y 41 años. Por otro lado, un 86% se veía conviviendo en pareja en lugar de casándose.

Un dato del INE también es decidor respecto del matrimonio y la convivencia. Mientras en 1992, un 6% de las parejas convivía, el 2009 lo hacía un 13%. Y la Encuesta Nacional Bicentenario realizada por la Universidad Católica, mostró que el 22% de chilenos entre 25 y 34 años convive.

Sin embargo, el tema de intentar mantenerse sin compromiso afectivo sigue siendo más marcado entre los hombres, sean jóvenes o mayorcitos. Si están solos –por divorcio o soltería-  la tendencia es a no emparejarse formalmente. Al menos no con mujeres autovalentes, atractivas y/o inteligentes.

Es tan común observar mujeres de entre 28 y 40 años, solteras o separadas que, inexplicablemente, no encuentran con quien emparejarse. Conversas con ellas y te expresan su desconcierto. Especialmente, las extranjeras. “Parece que a los chilenos no les gustamos las mujeres profesionales, que nos ganamos nuestro sueldo, que vivimos solas y tenemos hijos”, me dicen una cubana de 35 años y una colombiana de 39. No se lo explican. Especialmente lo relacionado con los hijos porque, por ejemplo, los hombres caribeños se hacen cargo del “combo” completo y no le hacen ningún asco a formar familia.

Se han hecho estudios que dan cuenta que hace un par de décadas, los hombres de entre 25 y 33 años le tenían menos miedo al compromiso. Es que las cosas han cambiado mucho. Hoy los hombres no tienen la presión social de antaño para casarse y están más proclives a convivir que a casarse con la pareja, algo en lo que los acompañan las mujeres. Por otro lado, el divorcio es un costo económico que no quisieran asumir por lo que lo piensan mucho antes de dar el sí. Asimismo, aprovechan la mayor libertad respecto del sexo que existe hoy en día: las mujeres ya no tienen que llegar vírgenes al matrimonio (ni quieren hacerlo) y, por ende, los hombres acceden a las otrora tan preciadas “pruebas de amor” sin ofrecer matrimonio...

Hay otros factores que influyen en esta actitud de los hombres de hoy de hacerle el quite al compromiso o arrancarle al matrimonio. Como el tener hijos solo cuando con la pareja llegan a una situación económica estable. O no casarse hasta tener la casa propia, o haber sacado el master, el doctorado, la segunda carrera... En fin. Aunque hay que reconocer que hoy, hombres y mujeres treintones están en un actitud parecida. Al menos formalmente. Porque tiendo a creer que las mujeres, más allá de aparentar un postmodernismo cada día políticamente más “correcto”,  siguen buscando el lazo nupcial ojala sin fecha de vencimiento.

Y ahí volvemos al punto del comienzo… ¿Dónde y cómo encontrar un hombre con el traje de novio en el bolsillo… ¿O al menos dispuesto a comprometerse en algo más que un amistad con ventajas? A veces, cuando son más proclives a dar el “paso en falso” lo hacen con mujeres mucho menores.

Pero, en general, los chilenos del 2014 andan revoloteando, con sus años a cuestas y sus defensas en ristre, buscando la eterna adolescencia que ya no les calza en una cara surcada de pliegos. Dándole la espalda a la magia de la ilusión y el encantamiento, sin ponerle el pecho a las balas del amor. Añorando libertades que ya que no les hacen falta, pasando por alto abrazos inéditos y tangibles. Esgrimiendo argumentos que ya no existen, enarbolando banderas que ya no son creíbles.

Si el hombre chileno supiera que la hora del compromiso y la entrega es la mejor…! Y que, no por mucho renegar, amanece más soleado…





      

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