La antropóloga estadounidense
Helen Fisher lleva más de dos décadas tratando que la ciencia le de respuesta a
una gran interrogante: ¿por qué nos atraídos por determinadas personas y no por
otras?
El año 2009, Fisher se aproximó un
paso más a la respuesta al dar a conocer los resultados de una investigación
sobre el beso en la 148º Reunión Anual
de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. La antropóloga,
experta en la biología del amor, explicó que el beso permite saber si entre dos
personas hay “química” porque, literalmente, en esa conducta hay mucha química en juego. Al besar, liberamos un
torrente hormonal que activa nuestro cerebro de formas diversas y nos permite
evaluar al potencial candidato para el apareamiento… O sea, el beso puede ser
la puerta de entrada para el sexo (y el amor) o su lápida. Fisher asegura que "besar es un poderoso
mecanismo de adaptación" presente en más del 90% de las sociedades humanas
(y en muchos animales) por lo que “una costumbre tan difundida no puede ser
casual”…
¿Quién
hubiera pensado que el besar era tan decisivo? “Hay personas que afirman
haberse desencantado de su pretendiente en tres minutos después de haberlo
besado”, afirma la antropóloga. Ahora, si hay compatibilidad “química”, y llegamos al enamoramiento –la fase del amor
romántico, como le llama Fisher-, al besarnos con el amado, parte de nuestro
cerebro enloquece y se comporta “como si estuviera bajo los efectos de la
cocaína”. Y ocurre porque el amor romántico “es más que una emoción, es un
impulso poderoso que viene del motor de la mente, del área responsable de las
adicciones”, señala Fisher a partir de sus investigaciones.
Cada
ser humano tiene su propio cóctel hormonal y es atraído por aquellos o
aquellas que poseen el cóctel que los
complementa. Ahora, ¿cómo se sabe si hay compatibilidad? Ni más ni menos que besando. Según Fisher, “a
los hombres les gustan más los besos de boca abierta y húmedos y como la saliva
masculina tiene testosterona, eso me sugiere que están inconscientemente
tratando de transferir testosterona para disparar una conducta sexual en las
mujeres”. Además, sostiene que este tipo de besos podría ayudarlos a
"medir los niveles de estrógenos femeninos de su pareja, para hacerse una
idea de su grado de fertilidad". En síntesis, “el beso es un mecanismo de
evaluación del compañero", según Fisher.
Para
la antropóloga, besar es un instinto natural que probablemente sirve a varios
propósitos evolutivos y permite que se estimulen tres sistemas cerebrales que
evolucionaron en el ser humano para permitir el emparejamiento y la
reproducción: el deseo sexual (alimentado por la testosterona tanto en hombres
como mujeres); el amor pasional u obsesivo (aparentemente vinculado a la
dopamina, un estimulante natural); y el apego, que permitiría a una pareja
permanecer unida el suficiente tiempo como para criar hijos (ligado a un nivel
mayor de oxitocina, la llamada “hormona del amor”, ligada al enamoramiento, el
orgasmo, el parto y el amamantamiento).
Un
estudio realizado por Rafael Wlodarski y Robin Dunbar, investigadores del
Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford, llegó a
una conclusión similar al analizar la relación de más de 900 adultos con los
besos. La teoría les indicaba que los besos cumplían tres papeles en las
relaciones sexuales: evaluar la cualidad genética de las potenciales parejas,
aumentar la excitación y ser útiles para
conservar la relación. El estudio les mostró
que las mujeres consideraban a los besos algo más importante y que, para
ellas, el beso había sido una señal clara para elegir una pareja con futuro.
Hay
que aclarar que las cosas maravillosas relacionadas con los besos ocurren
siempre y cuando besemos a la persona adecuada... La científica norteamericana
Wendy Hill descubrió que si lo hacemos, se reducen los niveles de cortisol (la
hormona del estrés), y aumentan los niveles de oxitocina. O sea, otra
reafirmación de que el beso puede ser una real pauta para saber quien puede ser
el hombre (o la mujer) de nuestra vida…
Hay
investigadores que piensan que, evolutivamente hablando, el besar es un gesto reciente y más íntimo que las relaciones
sexuales. Para la psicoterapeuta argentina Clara Hernández “besarse es una
conducta sexual de la misma manera que lo es el coito o una felación, solo que
emocionalmente mejor”. Por ello, considera que en una relación sexual es
indispensable el disfrutar besando.
El
psicólogo colombiano Ezequiel López, autor del libro El erotismo infinito, señala que “el beso en la boca es un momento
clave para evaluar la atracción o el rechazo hacia la pareja. Anticipa la
compatibilidad sexual. Es una forma de mantener la vida erótica. Por eso,
podría decirse que la pareja que se besa poco tiene un erotismo aburrido”.
Asegura que “muchas veces el beso es el camino para recuperar la relación de
pareja”.
El
problema es que la química del beso apasionado duraría entre seis y 18 meses.
Pasado ese periodo, las parejas se besarían menos o con menos intensidad. Pero
como se ha descubierto que los besos hasta pueden alargar la vida, es
importante recuperar la magia de una conducta que pone en funcionamiento 30
músculos faciales (17 de ellos relacionados con la lengua) e induce la
producción de oxitocina y de neurotransmisores como la adrenalina y la
dopamina.
Diversos
estudios han concluido que cuando los labios de dos personas se unen, el ritmo
cardiaco se duplica (75 pulsaciones por minuto a 150 lo que hace que los labios
se calienten), se induce a la producción de colesterol bueno y se refuerzan las
defensas debido al intercambio de alrededor de ¡dos millones de bacterias y
40.000 microorganismos en cada beso! También se ha comprobado que al besar, el
cerebro libera endorfinas, hormonas que disminuyen el estrés, alivian el dolor,
relajan los músculos e inducen a un sueño reparador. Un beso acelera la
velocidad respiratoria y el flujo sanguíneo mientras inflama una parte de la
mucosa nasal, lo que potencia la capacidad olfativa. Tras un beso apasionado,
una pareja quema alrededor de 15 calorías.
El
beso es placer, desde el punto de vista neurológico. Por ello la boca,
particularmente los labios, se ubica dentro del grupo de los órganos erógenos:
es una de las áreas más ricas en terminaciones nerviosas del cuerpo. La boca
tiene una imagen representada en el cerebro mayor que aquella relacionada con
los genitales, estando directamente ligada al erotismo, el deseo, la actividad
sexual y los orgasmos.
Según
expertos en sexualidad del Instituto Kingsley, del Reino Unido, “los labios, el
interior de la boca y la lengua son de las zonas más exquisitamente sensibles
del cuerpo humano”. Añaden que “cinco de los 12 nervios craneales que afectan a
las funciones cerebrales intervienen en el beso erótico”. Asimismo, debido a las conexiones neuronales
de labios, lengua y mejilla con el cerebro, un beso permite detectar en la otra
persona muchos datos, entre ellos la temperatura, el gusto, el olor. En
resumen, plantean, “el beso sería una artimaña para captar las feromonas del
otro, y ya se sabe que, en los animales, éstas señales olfativas emitidas por
la piel o la saliva son un poderoso reclamo sexual”.
Parece
estar claro por qué cuesta parar de besar después de un primer buen beso... Jean-Luc
Tournier, autor de la Pequeña
enciclopedia del beso, señala que siempre queremos más porque el beso es
una droga natural: seríamos adictos a la oxitocina, que se produce cada vez que
nos besamos.
Hay
teorías que plantean que el origen del beso podría estar en la conducta de las
madres de algunas sociedades prehistóricas, quienes con la boca daban a sus
hijos los alimentos ya masticados. Yannick Carré, autor del libro El beso en la boca durante la edad media,
dice que en esa época tenía el valor de un contrato: para sellar el juramento
de fidelidad mutua, el señor y su vasallo se daban un beso en la boca.
Sin
embargo, pareciera que el espacio y tiempo para practicar este espléndido ritual
ha ido disminuyendo. Especialmente en los hombres. Un estudio realizado el 2007
en la Universidad de Albany, Nueva York, investigó la conducta en 1.041
alumnos. Entre las conclusiones estuvo el que los hombres besarían esencialmente para incitar a su pareja al
sexo en tanto para las mujeres sería una forma de valorar el grado de
compromiso del hombre. Asimismo, ellas estarían
menos dispuestas a tener relaciones sexuales con un hombre que no sabe besar o del
cual no les guste su olor y su aliento. Igualmente, más de la mitad afirmó que
tendría relaciones sexuales con una mujer sin pasar por el beso en tanto en las
mujeres el porcentaje fue sólo del 14%...
El
no darse tiempo para los besos pasionales puede ser grave. Como postula el
ginecólogo catalán Pere Font, éstos son claves en el sexo. Lo explica: “para la
mujer lo divertido es lo que pasa antes; para el hombre, lo que ocurre durante”
de modo que en el sexo habría dos motores que van a distinta velocidad y serían
los besos los que sincronizarían a la pareja.
Lo
que sí parece estar en auge son los besos sociales. Aunque los jóvenes
“poncean”, pasando por alto muchas veces el cortejo y buscando llegar lo más rápido
al sexo, estarían más proclives a expresarse el afecto con besos, saludándose
hoy en día todos de esta forma, un hábito que muchos adultos han ido adoptando.
Vamos,
no haga oídos sordos a lo leído y ¡póngase a besar!
Febrero
2014.










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