lunes, 17 de marzo de 2014

¿ES FACIL MANTENER VIVO EL AMOR?



Cada 14 de febrero se celebra con bombos y platillos el “Día de los Enamorados”, una costumbre foránea que ya se arraigó en nuestro país. Es bonito ese día. La televisión hace reportajes y muestra como las parejas disfrutan y celebran seguir amándose. Sin embargo, es válido preguntarse: ¿es fácil mantener vivo el amor?




Claramente, no lo es. Por ejemplo, la fidelidad es un trabajo de opción y compromiso casi cotidiano. Pero hay más, mucho más a  considerar, para construir y sostener un amor duradero.



Por ejemplo, el tener claro que la infidelidad no es la causa de una ruptura (sino, baste preguntar a las empresas de “seguimientos  matrimoniales”, las que informan que la víctima siempre perdona al victimario cuando se entera de la infidelidad y se da cuenta que sus sospechas  eran ciertas y no un tema de “paranoia” o locura…). Sí es causa de ruptura una relación conyugal gastada, de poca o mala comunicación, porque es ella la gatilla una infidelidad, transformándose ésta en la gota que rebasa el vaso. Y generalmente surge en ambos integrantes de la pareja. El conflicto es el que precede a la infidelidad. Incluso, muchas veces el infiel va dejando evidencias para que el asunto estalle de frentón.




Quienes utilizan, por ejemplo, los cientos de portales que ofrecen en Internet la posibilidad de ser infiel no están en el camino adecuado porque es muy difícil que una mala relación se arregle mediante una infidelidad. En lugar de gastarse los cerca $200.000 al mes en esa actividad sería mejor hacerlo en una terapia… Quienes buscan "ponerle sal y pimienta" al matrimonio con una infidelidad se arriesgan a algo peligroso: vivir el caos y el dolor que conlleva una relación extraconyugal.



Otro hecho que incide en construir un buen y duradero amor es no creerse el cuento de la “media naranja”. Es decir, no pensar, como es lo más masivo y frecuente al momento de casarse, que la pareja llenará todas nuestras necesidades de afecto, comprensión y comunicación. En la mayoría de los casos, esto es frustrado por la cotidiana realidad. Y ocurre no porque la pareja esté mal orientada o mal encauzada, sino porque es un error pretender que otra persona espontáneamente calce con la inmensa gama de necesidades y matices que uno tiene. Más erróneo es pretender que no existe una persona, diferente del cónyuge, que pueda calzar mejor con dicha gama…



Para seguir celebrando por muchos años el Día de los Enamorados, también es importante no ligar el vínculo amoroso al sentido de propiedad. Cuando lo hacemos y nos son infieles, vivimos el hecho como si nos hubieran robado el auto que teníamos sin seguro. Nos sentimos despojados, arrebatados de algo que nos "pertenecía" y nos sentimos culpables de haber despojado al otro "de nosotros mismos". Por el contrario, si somos infieles, nos negamos a aceptar que nuestro cónyuge haga lo mismo. Parte del sentimiento de hecatombe asociado a una infidelidad radica en este sentirnos "dueños" del cónyuge, lo que tiene su fundamento. El mensaje de la sociedad es que, al casarnos, adquirimos un bien que nos durará "para toda la vida", (incluso, socialmente se exige que así sea). Sin embargo, el amor no trae garantía...



También es importante no contaminarse con el bombardeo de mensajes contradictorios explícitos e implícitos del que somos objeto, ya sea en nuestro círculo cotidiano o a través de los medios de comunicación. Por un lado, se nos dice que "lo bueno" es ser fiel, sin embargo coexiste un mensaje implícito, opuesto: la infidelidad está en oferta y es bueno consumirla. Dejarse llevar por señales contradictorias como esas es dañino porque, además del sentimiento de culpa que genera transgredir una norma social o un valor, produce ambivalencia y angustia. Como señala el psicólogo Alfonso Luco, “el que valgan lo mismo dos sentimientos que debieran oponerse provoca conflictos severos. Y estos son más severos mientras más profesante se es de los valores que impone la sociedad”.




Por último, pero no menos importante de tener en cuenta en razón de la gran cantidad de infieles que detectan las estadísticas y del fuerte impacto psicológico que esta conducta tiene, es que nacemos infieles, que no somos monógamos por especie. Nuestra tendencia natural es a sentirnos atraídos afectiva y sexualmente por más de una persona en la vida, aun cuando tengamos una relación estable y satisfactoria. La pulsión sexual (excitación o cambio bioquímico que nos provoca otro ser humano) no solo es indiferenciada en cuanto al sexo de quien habrá de satisfacerla (lo que se define en la infancia), sino también respecto de si será satisfecha por una o varias personas a lo largo de nuestra vida.



Por ello, seamos sabios, no pidamos lo imposible, pactemos lo posible y trabajemos por ello. Y talvez así lleguemos hasta viejitos celebrando juntos amor el romántico “Día de San Valentín”…



Febrero 2013.

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