Cada 14 de febrero se celebra
con bombos y platillos el “Día de los Enamorados”, una costumbre foránea que ya
se arraigó en nuestro país. Es bonito ese día. La televisión hace reportajes y
muestra como las parejas disfrutan y celebran seguir amándose. Sin embargo, es
válido preguntarse: ¿es fácil mantener vivo el amor?
Claramente, no lo es. Por
ejemplo, la fidelidad es un trabajo de opción y compromiso casi cotidiano. Pero
hay más, mucho más a considerar, para
construir y sostener un amor duradero.
Por ejemplo, el tener claro
que la infidelidad no es la causa de una ruptura (sino, baste preguntar a las
empresas de “seguimientos
matrimoniales”, las que informan que la víctima siempre perdona al
victimario cuando se entera de la infidelidad y se da cuenta que sus
sospechas eran ciertas y no un tema de
“paranoia” o locura…). Sí es causa de ruptura una relación conyugal gastada, de
poca o mala comunicación, porque es ella la gatilla una infidelidad,
transformándose ésta en la gota que rebasa el vaso. Y generalmente surge en
ambos integrantes de la pareja. El conflicto es el que precede a la infidelidad.
Incluso, muchas veces el infiel va dejando evidencias para que el asunto
estalle de frentón.
Quienes utilizan, por
ejemplo, los cientos de portales que ofrecen en Internet la posibilidad de ser
infiel no están en el camino adecuado porque es muy difícil que una mala
relación se arregle mediante una infidelidad. En lugar de gastarse los cerca
$200.000 al mes en esa actividad sería mejor hacerlo en una terapia… Quienes
buscan "ponerle sal y pimienta" al matrimonio con una infidelidad se
arriesgan a algo peligroso: vivir el caos y el dolor que conlleva una relación
extraconyugal.
Otro hecho que incide en
construir un buen y duradero amor es no creerse el cuento de la “media
naranja”. Es decir, no pensar, como es lo más masivo y frecuente al momento de
casarse, que la pareja llenará todas nuestras necesidades de afecto,
comprensión y comunicación. En la mayoría de los casos, esto es frustrado por
la cotidiana realidad. Y ocurre no porque la pareja esté mal orientada o mal
encauzada, sino porque es un error pretender que otra persona –espontáneamente– calce con la inmensa gama de necesidades y matices que uno
tiene. Más erróneo es pretender que no existe una persona, diferente del
cónyuge, que pueda calzar mejor con dicha gama…
Para seguir celebrando por
muchos años el Día de los Enamorados,
también es importante no ligar el vínculo amoroso al sentido de propiedad.
Cuando lo hacemos y nos son infieles, vivimos el hecho como si nos hubieran
robado el auto que teníamos sin seguro. Nos sentimos despojados, arrebatados de
algo que nos "pertenecía" y nos sentimos culpables de haber despojado
al otro "de nosotros mismos". Por el contrario, si somos infieles,
nos negamos a aceptar que nuestro cónyuge haga lo mismo. Parte del sentimiento
de hecatombe asociado a una infidelidad radica en este sentirnos
"dueños" del cónyuge, lo que tiene su fundamento. El mensaje de la
sociedad es que, al casarnos, adquirimos un bien que nos durará "para toda
la vida", (incluso, socialmente se exige que así sea). Sin embargo, el
amor no trae garantía...
También es importante no
contaminarse con el bombardeo de mensajes contradictorios –explícitos e implícitos– del que somos objeto, ya sea en nuestro
círculo cotidiano o a través de los medios de comunicación. Por un lado, se nos
dice que "lo bueno" es ser fiel, sin embargo coexiste un mensaje
implícito, opuesto: la infidelidad está en oferta y es bueno consumirla. Dejarse
llevar por señales contradictorias como esas es dañino porque, además del
sentimiento de culpa que genera transgredir una norma social o un valor,
produce ambivalencia y angustia. Como señala el psicólogo Alfonso Luco, “el que
valgan lo mismo dos sentimientos que
debieran oponerse provoca conflictos severos. Y estos son más severos mientras
más profesante se es de los valores que impone la sociedad”.
Por último, pero no menos
importante de tener en cuenta en razón de la gran cantidad de infieles que
detectan las estadísticas y del fuerte impacto psicológico que esta conducta
tiene, es que nacemos infieles, que no somos monógamos por especie. Nuestra
tendencia natural es a sentirnos atraídos afectiva y sexualmente por más de una
persona en la vida, aun cuando tengamos una relación estable y satisfactoria.
La pulsión sexual (excitación o cambio bioquímico que nos provoca otro ser
humano) no solo es indiferenciada en cuanto al sexo de quien habrá de
satisfacerla (lo que se define en la infancia), sino también respecto de si será
satisfecha por una o varias personas a lo largo de nuestra vida.
Por ello, seamos sabios, no
pidamos lo imposible, pactemos lo posible y trabajemos por ello. Y talvez así
lleguemos hasta viejitos celebrando juntos amor el romántico “Día de San
Valentín”…
Febrero 2013.
Cuando van a comentar, amigos lectores?
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