lunes, 17 de marzo de 2014

¿HASTA QUE LA MUERTE (O LA INFIDELIDAD) NOS SEPARE?



Cada día es más claro que la fidelidad no es fácil. No es de extrañar si se piensa que para nuestros padres o abuelos, el juramento de fidelidad "para toda la vida" significaba, en la práctica, unos 20 o 30 años juntos porque el promedio de vida era mucho menor. Hoy en día, cuando la esperanza de vida es de alrededor de 87 años para las mujeres y 83 para los hombres, el "para toda la vida" puede significar vivir casados 50, 60 o 70 años... ¿No es un destino angustiante para alguien que tiene una mala relación conyugal o que no ha logrado nunca ser feliz en su vida de pareja?



El cruce del umbral hacia la infidelidad se produce muy frecuentemente porque se rompe una expectativa muy común: que la pareja muestre una comprensión cercana a la incondicionalidad. No solo se espera eso. También se aspira a que la pareja engañada no se sienta herida, engañada o agredida psicológica y espiritualmente. Expectativa que surge no porque el infiel sea un cínico, incapaz de darse cuenta del sufrimiento de su pareja (o, por el contrario, porque el gorreado sea un melodramático). Más bien aparece porque ambos tienen razón, ya que están hablando desde su propio sentimiento: el engañado sufre y eso es normal y el infiel puede no haber tenido ninguna intención de agredir o poner en ridículo a su pareja. Incluso es posible que su atracción y respeto por ella no hayan disminuido en absoluto. Una relación extraconyugal, por más que afecte a la pareja, no necesariamente tiene que ver con ésta. Frecuentemente, pertenece al mundo íntimo de una persona.



Hay otras situaciones curiosas respecto de la infidelidad. Por ejemplo, en muchos casos, el infiel es perdonado más fácilmente si no llegó "a los hechos", es decir al sexo. Es similar a lo que ocurre en casi todos los países donde se acepta como causal de separación ante la ley y la Iglesia el que un matrimonio no se haya consumado. En el caso de la infidelidad, haber resistido la tentación, al parecer, anula el delito... Como sin sexo no hay matrimonio, sin sexo tampoco habría infidelidad... 



Respecto de las confesiones y las “reglas del juego”, parece claro que quienes son víctimas de un engaño amoroso quisieran saberlo "todo", desde el primer momento y, en lo posible, por boca de su pareja. Sin embargo, la mayoría de las parejas no tiene acuerdos explícitos. El tema más bien no se toca. Y si se hace, solo es para realizar declaraciones de principio como "si llega a ocurrir, quiero saberlo por ti". Sí hay parejas que hablan abiertamente el tema y acuerdan un "rayado de la cancha". Por ejemplo que "se contarán todo" o "no se contarán nada". Pero el otorgarse "permisos", aunque sean implícitos, no es una conducta frecuente. Sí lo es el tener acuerdos tácitos. El más frecuente es no contarse nada, mientras la evidencia no sea delatora. Eso sí, estos pactos van casi siempre acompañados del compromiso (también tácito) de no agobiarse mutuamente con sospechas de infidelidad.



Frente a este último punto, surge la pregunta: ¿Para la víctima de una infidelidad es bueno saberlo todo? En opinión de psiquiatras y psicólogos, es importante hablar abierta y claramente el tema, aunque duela y sea difícil hacerlo (no podría no serlo) y parezca que genera un abismo que no se volverá a cerrar. Es sano, ya sea para retomar un buen matrimonio o para hacer una "buena separación". Lo que no es saludable es querer saber todo (o contar todo) porque ello aleja las posibilidades de que la relación se recupere de la crisis. Incluso, puede derivar en graves patologías. Por ejemplo, esconderse en el clóset del dormitorio para espiar al cónyuge mientras tiene relaciones sexuales con su amante es un camino claramente destructivo. Como lo es querer conocer, en forma morbosa, los detalles.



En la infidelidad, como en toda acción humana que transgrede un pacto, una norma, una lealtad, hay agravantes y atenuantes. Estos varían en sentido e intensidad entre los distintos grupos de la sociedad. Son, sin embargo, bastante universales.



En Chile, por ejemplo, entre los atenuantes importantes se cuentan: estar bajo los efectos del alcohol (así como es agravante en un accidente de tránsito, en la infidelidad operaría al revés); estar obligado a viajar mucho; haber estado mucho tiempo separados; recibir la oferta "en bandeja"; no practicar sexo con la pareja debido a alguna enfermedad o malformación; tener un cónyuge con disfunciones (frigidez, impotencia, eyaculación precoz, etc.); sufrir la permanente ausencia del cónyuge; sufrir la completa indiferencia de la pareja respecto de la apariencia personal; tener un cónyuge mucho mayor.



Y entre las agravantes se contarían: ser infiel cuando ella está embarazada o durante el post-parto; serlo cuando se está muy bien como pareja; ser infiel con algún familiar o con un amigo o amiga de la pareja (es un agravante mayor mientras más cercano sea el amigo o amiga); permitir que la pareja sea la última en enterarse; preparar la ocasión en forma premeditada; ser infiel en la propia casa.



Otra cosa curiosa es que la infidelidad es que generalmente no aparece como motivo explícito de consulta (sí aparece luego, y con altísima frecuencia, durante la terapia). Y cuando llega a ocurrir que un infiel llega exponiendo directamente el tema, en realidad no busca ayuda para arreglar el matrimonio sino resolver problemas surgidos a partir de su infidelidad. Lo que busca, más bien, es curar desde severos stress, insomnios o alergias, hasta que el terapeuta le dé la tranquilidad para seguir inventando (y actuando) coartadas. O lo aconseje para llevar mejor la relación de pareja, manteniendo la infidelidad. Es decir, consulta porque no está siendo capaz de controlar solo la situación. En este contexto, una conducta bastante frecuente de parte de los hombres es pedir terapia para la amante porque supone que ella es la que está mal…



No hay duda que la infidelidad es un tema con más aristas y sorpresas de las que creemos conocer. Tampoco hay duda que para llegar a las nuevas metas de 60 o más años unidos “hasta que la muerte nos separe” hay que ser muy sabio, tolerante, creativo o paciente…



Julio 2013.

1 comentario:

  1. Anónimo0:55

    Todos o casi todos los hombres son infieles es su naturaleza, y como podemos ir contra la natufaleza? Y a veces se perdona y ellos siguen destruyendo tu confianza, pq no quieren perder ni una ni la otra , son perfectos platilleros chinos..?.si dejan a sus compañeras por otra , luego quieren ir detras de ls ex
    solo para provarse, pero sin remotamente en pensar dejar la actual mujer para conquistar la ex. Eso es pan de cada dia la mujer es diferente deja y ya y raramente vuelve pq somos arrastradas por amor no por deseo de casadores

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